Hasta ese momento en cada provincia e incluso entre comarcas de la misma provincia las mediciones se realizaban utilizando unidades históricas basadas en la costumbre o en la práctica como la vara, la legua, el quintal, la arroba o la libra.
Para la medición de las superficies agrarias en la comarca de Fuente Olmedo la medida más habitual era la obrada, que definía la extensión que ara un par de labor, una yunta de bueyes, en una jornada. Se comprende que según el tipo de terreno o la calidad de los animales era una definición muy elástica. Por eso a la hora de deslindar tierras, confirmar herencias o realizar ventas, se tenía cuidado de puntualizar que se hablaba de tantas obradas “poco mas o menos”. Por debajo de la obrada estaba el estadal y la vara, 200 estadales en cuadro formaban una obrada y 4 varas y media castellanas hacían un estadal.
La obrada era la más habitual pero no la única, ya que en la misma provincia de Valladolid se medía la tierra por yugadas, por cargas, por iguadas o por fanegas, una medida esta última que en nuestro pueblo y entorno solo se utilizaba como medida de capacidad. Todas ellas representaban lo mismo: el terreno que labra un par de bueyes de sol a sol, por eso en Asturias se denominaba, directamente, día de bueyes.
La vara castellana, era la medida de uso cotidiano para cantidades menores. Todos recordamos haberla visto en las tiendas de telas y también la usaba el señor Marino en la tienda de Fuente Olmedo. Medía 83,59 cm. y estaba dividida en dos codos o cuatro palmos porque el sistema era antropométrico, basado en las medidas del cuerpo humano, desde que los romanos tomaron como medida básica el pie.
Esta disparidad se daba también históricamente en el terreno fiscal donde era grande la diversidad de impuestos, cargas, gravámenes, etc., según territorios. El Catastro del Marques de la Ensenada, una exhaustiva evaluación de las propiedades de todos los lugares de la Corona de Castilla, tanto de seglares como de religiosos, supone el primer intento de unificar y poner orden, mediado el siglo XVIII, cien años antes de que la Revolución Francesa alumbrara el Sistema Métrico Decimal, en la diversidad de impuestos que se pagaban. El intento no fructificó y no se puso en marcha la Única Contribución, que era lo que se pretendía, pero a cambio nos dejó una impresionante radiografía de los 15.000 lugares que formaban “las Castillas”.
Entre las preguntas del cuestionario que tuvo que contestar cada concejo para elaborar el Catastro la novena inquiría: De qué medidas de tierra se usa en aquel pueblo: de cuántos pasos o varas castellanas en cuadro se compone…
Siguiendo las respuestas a esta pregunta en los pueblos de nuestro entorno la coincidencia es casi total: la tierra se mide en obradas. Pero no todas las obradas son iguales, o no son iguales según qué pueblos o, incluso, no son iguales en distintos pagos del mismo pueblo, lo que viene a justificar la necesidad de la posterior implantación del SMD y la unificación, casi universal, de todas las medidas de superficie en el metro o la hectárea, 10.000 metros cuadrados, en el caso de las fincas rústicas.
Cada pueblo su medida
Un repaso a las Respuestas Generales del Catastro da idea de cómo estaba la situación en el entorno más cercano a Fuente Olmedo.
En la tierra de Coca, (Ciruelos, Villeguillo, Villagonzalo…) la obrada se compone de 200 estadales y cada estadal de cuatro varas y media castellanas. Es la tónica general también en la zona sur de la tierra de Olmedo (Fuente Olmedo, Llano, Bocigas, Almenara…), pero no en el resto, donde Villalba, La Zarza, Ramiro, Hornillos, Ventosa de la Cuesta o Calabazas dan 400 estadales a cada obrada.
El Libro Becerro del Monasterio de La Mejorada, libro de cuentas en el que reflejaban las propiedades rústicas y sus rendimientos los frailes jerónimos olmedanos, hoy en el Archivo Histórico Nacional, refleja claramente esta divergencia. En una tabla que recoge “toda la hacienda de raíz que tiene esta comunidad” y tras enumerar una muy nutrida propiedad, el hermano escribano aclara: “Las obradas de tierra no son de una cavida (sic) en todos los lugares y así en Olmedo, Bocigas, Almenara, Llano, Valbiadero y Alcazarén son de 200 estadales y en todos los demás lugares donde esta comunidad tiene tierras son de 400 estadales”. Los demás lugares son (eran) Hornillos, Ventosa de la Cuesta, Calabazas, Villalba, Pozaldez, Gallinas, Rodilana, Medina del Campo, San Vicente del Palacio, La Zarza, Ramiro, Ataquines, Horcajo de las Torres, Fuentes de Año y Barco de Ávila. Una muy nutrida heredad. En Fuente Olmedo, por cierto, La Mejorada no tenía propiedades rústicas. En nuestro pueblo el mayor terrateniente eclesial, no el único, era el monasterio de Santi Spiritus, que tenía 128 obradas según el propio Catastro de Ensenada.

Doscientos estadales por obrada es la norma también en la tierra de Íscar, (Pedrajas, Cogeces, Megeces…). En tierra de Medina, (Brahojos, Cervillego de la Cruz, la propia Medina), la obrada tiene 400 estadales, cada uno de vara y media castellana, pero en Fresno el Viejo se usa el estadal de cuatro varas castellanas, 400 estadales componen una fanega y cada cuatro fanegas, una carga, según declara su concejo. En tierra de Cuéllar la diversidad es mayor: Los propios de la Comunidad de Villa y Tierra se miden en obradas de 600 estadales, “de a once tercios de vara cada uno”. Los agricultores de la villa, Cuéllar, miden, asimismo, en obradas de 600 estadales, “de a quince cuartas”, pero los pueblos de la tierra, (Fresneda, Lastras, Moraleja…), miden en obradas de 400 estadales de quince cuartas de vara cada uno, con lo que “hay en varas castellanas en cuadro mil y quinientas”, como puntualiza el concejo de este último pueblo. La mayor diversidad se da, con todo, en la tierra de Arévalo, en cuyos pueblos (Montejo, Tolocirio, Rapariegos, Donhierrro, San Cristóbal), se distingue la obrada en función de la calidad del terreno. En las tierras de vega, de buena calidad, la obrada tiene 350 estadales de quince cuartas, mientras que en el “oraño”, el terreno más ligero, tiene 400 estadales.
Saliendo del entorno más cercano a Fuente Olmedo el panorama es el mismo. En tierra de Portillo, (La Pedraja, Aldeamayor, La Parrilla, el mismo Portillo), se da un hecho curioso. Los concejos responden a la pregunta del Catastro que su medida de superficie es “la obrada, compuesta por 600 estadales en las tierras de 1ª y 900 estadales en las de 2ª y 3ª”. Esta disparidad debe sonar mal a los propios vecinos elegidos para responder el cuestionario de su pueblo, pues muchas de las respuestas recogidas en la jurisdicción de Portillo añaden: “… pero para el presente año todos los concurrentes se conforman en que cada una de dichas obradas sean igualmente de 600 estadales en todas las tres calidades de tierra y el estadal de a diez tercias castellanas cada uno, que hacen tres varas y una tercia”. En el Valle Esgueva, entonces también jurisdicción de Portillo, ya lo tienen claro: obradas de 600 estadales, sin distinción de calidad del terreno, y de a diez tercios de vara castellana. Es así en Olmos, Piña, Villarmentero y Villanueva de los Infantes, pero en Amusquillo el estadal es “de a once tercios de vara, es decir, tres varas y dos tercias de el marco de Avila que es con el que se mide en esta villa”.
La medida de la vara, unidad básica a la que todos los pueblos se remitían, también tenía su aquel. En Castilla, después de algunas disputas, se impuso el uso de la vara de Burgos, que medía 83.5 cm, frente a la vara de Ávila. En los territorios de la Corona de Aragón la vara aragonesa medía 77.2 cm. Como para hacer cuentas exactas. Se entiende que siempre se hablara de tantas obradas “poco más o menos”.

Con la vara castellana como base, en Tierra de Campos las superficies agrícolas, la labor de un día, se medían por cargas, heminas, yguadas o yeras. En Torozos por yguadas. Esta diferencia en la manera de medir sus tierras pilla por sorpresa a la propia comisión encargada de dar respuesta al cuestionario del Catastro en Piñel de Abajo, que tras contestar que su medida es la fanega, añade “con la confusión de ser estas maiores o menores según su calidad, pero en el acto presente se arreglarán a la medida de obradas, como han hecho en otras partes, considerando éstas de a 600 estadales cada una y el estadal de a diez tercias castellanas”. ¿Quién quiere líos?
La Academia limpia, fija … y mide
Superar la utilización durante siglos de las medidas autóctonas no debió ser fácil. Cincuenta años después de la implantación del Sistema Métrico Decimal, en 1898, la Academia de la Historia aún trataba de poner orden, advirtiendo en su Boletín que “las medidas, para su inteligencia y conocimiento general, se han de reducir a un patrón o tipo común en cada clase, según sus espacios, cabidas y valores, a saber: las medidas de extensión a la vara de Burgos, bien sea para los géneros de comercio, bien sea para la geografía, así en la cantidad de tierras, como en la distancia de caminos. Las de áridos, a la fanega de Ávila y la de líquidos a la cántara de Burgos”. La fanega abulense, o pote de Ávila, tenía 12 celemines o 48 cuartillos. La cántara burgalesa se dividía en cuatro cuartillas u ocho azumbres y se utilizaba fundamentalmente para el vino y el vinagre. Se impuso como estándar en todo el reino para medir líquidos frente a otras unidades, como el moyo, mayoritariamente utilizado en la provincia de Valladolid, que tenía 16 cántaras.
En las respuestas al Catastro los vecinos de Fuente Olmedo declaran que en el pueblo hay capacidad para almacenar 114 moyos de vino, lo que son 1.824 cántaras o 29.184 litros, entre todos los cubetos del pueblo. Es una cantidad que puede parecer exagerada, pero si se contextualiza a la época, segunda mitad del S. XVIII, se verá que el consumo, y la producción, de vino era elevado, casi como un artículo de primera necesidad, lo que se confirma con la proliferación de tierras a las que en escrituras y documentos se define como “tierra que antes fue viña”.