En las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX circulaban en los pueblos del entorno algunas expresiones como: “Fuente Olmedo es un pueblo con ribetes de capital” o “los intelectuales de Fuente Olmedo”. El origen de este sambenito quizá haya que buscarlo en que varias generaciones de párrocos y veterinarios de la zona tenían fijada en este pueblo su residencia, en conjunción con la vecindad de maestro y secretario; o tal vez que los hermanos de Eladio Sobrino, uno de los vecinos que emigró a América en el primer tercio del siglo y sufragó la construcción del ayuntamiento, que vivían en Fuente Olmedo (el labrador Melitón con su hijo Adelardo, y el bohemio Epifanio) junto al mayor casado en Bocigas (el médico Mariano) querían dar vida al nuevo edificio, colaborando o impulsando la actividad escénica. Circunstancia favorecida por una abundante y socialmente variada juventud, compuesta por hijos de medianos y pequeños agricultores, por pastores y jornaleros, por empleadas domésticas, ferroviarios y tenderos, ávida de representar personajes alejados de su ambiente natural o personal.
Sean estas u otras las causas de esta especial afición de los vecinos de Fuente Olmedo a echar comedias, lo cierto es que en el recuerdo de aquella generación quedaron ensayos, libretos, versos o títulos de obras representadas, en las que el entusiasmo y la ilusión suplían los escasos medios de que disponían. Tirando del hilo de la memoria de los que fueron testigos podemos recomponer el itinerario de esta afición con un repertorio significativo de obras.
Marianela
Entre los años 1918 y 1920 el elenco aficionado de Fuente Olmedo representó Marianela, el drama en tres actos adaptado al teatro por los hermanos Álvarez Quintero sobre la novela de Pérez Galdós. El voluntarioso grupo de aficionados locales da sus primeros pasos en un sobrao grande de la calle de la Iglesia (actual calle de la Torre 3), que después sería salón de baile, ya que todavía no se había construido el nuevo ayuntamiento que sería inaugurado en 1921.

Octubre de 1916 en el Teatro de la Princesa en Madrid, Margarita Xirgú y Ribero en una escena de «Marianela» de Pérez Galdós. (Procedencia: Archivo ABC, derechos de imagen reservados)
Esos iniciales pasos teatrales en Fuente Olmedo en la primera mitad del siglo XX, nos llegan a través del estudio que la etnógrafa brasileña Eloine Nascimento de Alencar realizó en 2005 en este pueblo y en Olmedo sobre las relaciones de género para su tesis doctoral en la Universidad de Salamanca. Eloine nos guía por las relaciones sociales del pueblo, con las comedias como afición y ocio de los fuenteolmedanos.
Entre los entrevistados, Lucía Herrero Sanz, una de las jóvenes actrices de entonces, que tenía 88 años cuando Eloine elaboró el trabajo y ahora ya fallecida, recordaba lo que contaban en su casa sobre esta obra:
− Llamó mucho la atención “Marianela” en Fuente Olmedo. Eran artistas buenas, vamos, de pueblo, pero muy bien.
− ¿Trabajaste tú en “Marianela” o fue tía Justina? − interviene María Benita Aguado Pérez, que no llegó a formar parte de aquel grupo, pero cuya memoria es uno de los hilos que nos mantiene unidos a aquellos años.
− Fue tía Justina, que ya no vive ninguno. Yo, no. Yo eché “La pluma verde”. Y he hecho “La Dolores”. De compañeros de teatro estaban Adelardo, Felipa, David, Antonino, Teófila, había muchos de La Payana (casilla ferroviaria sobre la línea Medina del Campo-Segovia). Cuando echaron la Marianela aquí en Fuente Olmedo – prosigue Lucía − pues trabajaban diez; estaba el cura y cantaban los chicos: Somos de la parroquia, los monaguillos, los monaguillos, / un cabildo en pequeño, de diez chiquillos, de diez chiquillos… Pero muy bien, llamó mucho la atención, y venían de los pueblos de alrededor, a verlo, ¡a verlo! (golpea la mesa), de Llano, de todos los pueblos, de Olmedo también pero menos, de La Fuente todos, de Bocigas…
Portada de la tesis doctoral de Eloine Nascimento de Alencar. (Foto Carlos Sobrino) / La joven Lucía Herrero Sanz en la época en que interpretó La Dolores y La pluma Verde (Foto familia Herrero Sanz)
La Dolores
En torno a 1932, los “teatreros” de Fuente Olmedo apuestan por La Dolores para su representación en el flamante salón de baile del nuevo ayuntamiento o casa del pueblo, que además era escuela. La Dolores, un drama rural de José Feliú y Codina estrenado en 1892, cuenta la historia de Dolores, enamorada de Melchor, un barbero de pueblo. Un día el padre de ella los descubre en actitud cariñosa y decide mandar a la muchacha a Teruel como sirvienta. La Dolores del estreno en el teatro Novedades de Barcelona fue María Guerrero.
− Lucía, recítale a Eloine aquella poesía… − solicita Maribeni.
Y sin ningún problema Lucía entona:
¿Quieren que brinde? Lo haré. /Luego vendrán ustedes a por mí/y me tendrán que perdonar/por si lo que voy a decir/nada les puede agradar.
Es humana condición/que se cierra por doquier, /salvo la viva excepción, /que todos quisieran ser/distintos de como son.
La rubia mira con pena/no haber nacido morena/y tener negra melena, /en tanto que la morena/se aflige por no ser rubia.
Quien tiene buena estatura/se figura que es fea/por aquel exceso de altura, /mientras que el bajo quisiera/ascender de estatura.
Y en este afán de cambiar/todos de modo de ser/no se puede remediar:/quiere el «secre» enflaquecer/y el señor Pifa engordar.
Quiero yo brindar/por eso es justa razón/que me sepan perdonar/les pido de corazón/y no me dejen correr.
Brindo por su salud, /por la fe entre comediantes, /actores y directores, /con un brindis a La Dolores, / ¡por su triunfo!
Con Eloine en charla con ellas, Maribeni recuerda que al finalizar la representación de La Dolores se echó este brindis, “por los actores y los directores».
− Fue una tía de ésta, la que le sacó, (escribió el brindis)
− Había varios directores, uno que era tío mío, el secretario Florentino Sanz, (el secre) muy gordo, y el otro director, el señor Pifa, (Epifanio Sobrino), era muy delgado, – apunta Lucía –. Teníamos otro director, don Mariano (Mariano Sobrino, médico de Bocigas y hermano de Eladio y de Epifanio).
La pluma verde
− Nosotros echamos La pluma verde, que trajo Adelardo de Madrid – recuerda Lucía – La pluma verde era como si fuéramos a trabajar los ricos y los pobres, trataba de eso la obra. Bien, bien, resultó bien. Yo era una obrera y me ponía en contra de los patronos, de los ricos, y éramos no sé cuántas pobres. Estaba Juliana, también la Trini, la Mercedes “la zapatera”, su padre era zapatero, la hermana de Enrique (Celia Arroyo)…
− ¿Siempre te ha gustado el teatro, Lucía? − continúa entrevistando la etnógrafa brasileña.
− Hacíamos mucho teatro aquí en Fuente Olmedo, ¡éramos teatreros! – responde Lucía.
− Todos los años echaban una comedia – explica Maribeni –. Ensayaban en el salón de baile del Ayuntamiento, abajo, ponían un escenario…
La pluma verde es una comedia en tres actos de Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández, estrenada en la Navidad de 1922 en Madrid. Acaso la más divertida, la más graciosa comedia de sátira social, de estos populares autores, en la que se desarrolla una teoría utópica que da origen a escenas y tipos que producen constante hilaridad.
El último pecado
En marzo de 1947 el grupo actoral de Fuente Olmedo pone en escena El último pecado. La vocación por las tablas no ha decaído y en esta ocasión los directores de escena son Joaquín Pascual y Liberio Pérez. El secre, Florentino Sanz, es ahora el apuntador.

Teatro de la Princesa de Madrid, enero de 1918. Escena de la comedia «El último Pecado» de Pedro Muñoz Seca. (Procedencia: Ramón Alba para ABC. ALBUM Archivo Fotográfico, S.L.)
Lucía sigue haciendo memoria:
− Yo antes recordaba más, ya voy perdiendo todo. Luego echó Leonardo (Herrero Sanz), la Irene Ramos… ¿Y cuál era? ¡Ah! El último pecado. El papel principal lo hicieron la Irene y Leonardo. Yo no trabajé ahí. Me dieron el papel principal, pero mis padres decían que por qué me metía en tantos teatros, y me quitaron.
− ¿De qué trataba El último pecado? – pregunta Eloine.
− El último pecado trataba… No me acuerdo − hace una pausa –. Pues ella, había sido como pecadora, la principal, como pecadora. Por eso decía “el último pecado”, porque había dejado ya eso, y había corrido ya, lo nuevo. Se trataba de que había sido mala, vamos, ya había dejado eso, y corrió lo otro.
− A lo mejor como ahora prostituta o algo de eso – matiza Maribeni – A lo mejor engañaba al marido o algo así. ¡A ver…! Porque antes era mucho pecado engañar al marido, hoy en día ya no – se ríe Maribeni.
− Antes vivía como… no con uno, sino con varios, y luego los había dejado – continúa explicando el argumento Lucía −. Ella tenía un hijo, porque eso era “el último pecado”, porque ya no había hecho lo que estaba haciendo como antes…
− ¿La madre era soltera, la de “El último pecado”, ¿o estaba casada? – pregunta Maribeni a Lucía.
− La madre era la Irene, la que hacía de… que tenía un hijo. Y el hijo tenía novia, era la comedia. Y por eso cambia la madre de actitud, de ser como había sido, por su hijo, que era Anastasio, y la Trini, eran dos jóvenes. Y la Irene era mala, la pecadora, y se había cambiado por su hijo.
Ambientada en el San Sebastian de 1918, El último pecado, de Pedro Muñoz Seca, narra los sufrimientos de doña Luisa por lograr la felicidad de su hijo Luis. Ella había sido actriz en su juventud, profesión mal vista en la época. Ese pasado sombrío se cierne sobre la felicidad de Luis, a punto de casarse con María, hija de unos marqueses defensores a ultranza de la más estricta moralidad y que se oponen finalmente al matrimonio. Luisa decide fingir una vida disoluta para provocar el rechazo de su hijo que conseguiría el perdón de los futuros suegros.
Los intermedios de la comedia se aprovechan para hacer sonar algunos fragmentos de la exitosa opereta cómica “¡Cinco minutos nada menos!”, libreto de José Muñoz Román y música de Jacinto Guerrero.
Al final de la obra, y al son de las guitarras de Marino Martín y Melitón Sobrino, se cantan unas simpáticas coplas compuestas por Adelardo Sobrino (hijo de Melitón) sobre las gentes de Fuente Olmedo con las notas musicales de la marchiña Si quieres ser feliz con las mujeres:
Adelardo Sobrino, autor de las coplas sobre los vecinos de Fuente Olmedo / Entradas para el Salón de Baile en la época de las comedias.
El secre que dirige a estos artistas/dice que hay unas chicas muy listas, /pero esta noche ahí, /la gota va a sudar, /porque esto no es lo mismo/que al subastado jugar.
-Estribillo:
Es un consejo, como tú ves, /en el que pongo desinterés. / ¿Es un consejo o es un rentoy? Es un consejo, que yo te doy.
Don Pifa y Cayetano han acordado/echarla esta noche juntos mano a mano,/se van al ambigú y vuelven al salón, /cualquiera suponemos lo que harán entre los dos.
-Estribillo-
Joaquín y Liberio son artistas /que alternan con Marino el guitarrista/y valen pa´ un barrido /igual que pa´ un fregao, /por donde quiera que vayan lo tienen ya demostrao.
-Estribillo-
Don Adelardo y Celso han acordado/el irse a Extremadura a por marranos,/Don Adelardo un mapa quiere consultar/y Celso le contesta: déjalo y vámonos ya.
-Estribillo-
José Herrero el de la granja, /dice que sigamos con la chanza/ comamos huevo y flan /y bebamos champán, /que si hacen falta huevos él nos los puede prestar.
-Estribillo-
Anacario dice que Adelardo/anda encogido y se estira cantando, / ¡qué le vamos a hacer! /cosas del tiempo son, /es al contrario que otros cuando se echan un copón.
-Estribillo-
Alberto es un chico muy prudente, /que tiene simpatía con la gente. /Siempre donde él está, /siempre armonía habrá, /siempre alegría y broma, y siempre formalidad.
-Estribillo-
Carlos y la Juana son un matrimonio, /que se quieren y se adoran como novios. /Y tienen altavoz, /que nos hace reír, /pasamos buenos ratos y no nos dejan dormir.
-Estribillo-
Para la fiesta quieren traer orquesta, /para que el público bien se divierta. /Vicente a todo tren, la Allana quiere traer, /y su padre le dice: los de La Nava están bien.
(Si quieres ponerle música a este éxito cincuentero de Fuente Olmedo puedes escuchar la música original en el minuto 17:45 de la opereta cómica https://archive.org/details/cinmin44)
Jesús y la samaritana, El tío Porra y La gitana Azucena
Pocos años después, en torno a 1950 y con el fin de recaudar dinero en la parroquia para la adquisición de una imagen nueva del Niño Jesús con sus correspondientes andas, Justina Sanz (actriz de “Marianela”, la mismísima “tía Justina” de Lucía Herrero) organiza y dirige a la chavalería de Fuente Olmedo para ofrecer una función en la que actúa el niño Eloy Pérez:
Justina Sanz, en la puerta de su casa con sus hijos Eloy, Mari Cruz y Angelines (que también echaron comedias), y su marido Ángel Espino/ El niño Eloy Pérez en su época de monaguillo
− En la misma sesión hay varias actuaciones. La primera de ellas fue de motivo religioso en honor a la causa benéfica: Jesús y la samaritana. Anita Ramos representaba a Judith, la samaritana, Jesús Pérez (Fragua) al Niño Jesús, y yo era el narrador, disfrazado de ángel – recuerda Eloy −. En un fragmento de la narración, decía:
Cargado de un haz de leña que fue al monte a recoger, / llegaba un hermoso niño fatigado por la sed, / a una fuente que llaman la fuente de Siloé, / no muy lejos de los muros de la vieja Nazaret.
− Anita Ramos y Jesús Pérez hacían su diálogo y yo proseguía, cuenta Eloy:
Judith deslumbrada, ciega y temblorosa, / cual tiembla del cierzo herida del olmo la móvil hoja, / en los blancos pies del Niño poniendo su ardiente boca, / con pavura de tabores largos instantes lo adora.
A continuación, se representaban dos pequeñas comedias:
− Una en la que participamos Emilín Minguela, Isidrín Pérez, Teodorín Muñoz, y yo, entre otros, que se titulaba El tío Porra (o “El tío sentencias”, pasatiempo baturro en un acto, en prosa y verso, de Bruno del Amo, publicada en 1940). Y otra en la que intervenían Carmina Ramos, Conchita Pascual, Purita Arroyo, y Anamari Martín, entre otras, pero no recuerdo el título – piensa Eloy –, era algo andaluz. Quizá alguien de aquel tiempo sepa algo más.
Efectivamente, Ana María Martín se acuerda del título: La gitana Azucena, comedia en un acto y en prosa de Bruno del Amo, también publicada en 1940.
− Era una obra de una señora, doña Isabel, y esta señora tuvo una niña, pero nada más nacer la cambiaron por otra, le quitaron la suya – explica pausadamente Anamari –. Pasan los años, y, mira por dónde, esta señora doña Isabel necesitaba una chica para que limpiara la casa, y entra su verdadera hija – Anamari sonríe –, que era yo. Y bueno, allí con el tiempo, la hija aquella que creía que era su hija me cogió una manía que no me podía ni ver. Sin embargo, doña Isabel me cogió mucha simpatía, pero la hija me cogió manía y yo no puedo aguantar más… Salí yo solita al escenario, un rato, cosiendo y hablando sólo para mí:
− ¡No sé qué hacer, Dios mío!, ¡ni qué partida tomar! – interpreta palabra por palabra Anamari 74 años después de la representación –. La señorita Angélica (que era Conchita Pascual) nos apunta Anamari – no me puede ver, cada día me tiene más antipatía. ¿Qué haría yo por convencerla y ganarme su amistad? Procuro extremar las notas de respeto, de cariño y de sumisión, pero todo es inútil. Cuanto más me esfuerzo en convencerla, más me parece que la desagrado. La solución sería marcharme, eso ya lo sé. Y aunque el sacrificio es doloroso estoy dispuesta a ello, pues no es posible seguir así, – hace un silencio –. ¿Dejar esta casa? Separarme de doña Isabel, tan buena, tan cariñosa, tan amable con esta pobre sirvienta, a quien trata con la benevolencia y la solicitud de una propia hija. Yo no sé qué afecto, qué corriente de amistad me une a esta persona, que la quiero como si fuera una madre. Y ella corresponde a mi cariño.
Como eran más trabajando en la casa – sale Anamari de su papel –, al final, pues ya se aclaró que la hija era yo. Y la otra no era la hija, y se veía que la chica creía que la madre me tenía tanto cariño que se picó un poco y hasta inventó un robo que había sido yo. Y la madre me llama y me dice:
− Anda, dime la verdad. Confiesa noblemente tu culpa y todo quedará entre nosotras. Y yo dije: ¡No, doña Isabel! ¡Antes todo, la calle, la cárcel, lo que sea!, ¡antes todo que confesar una cosa de la que soy inocente!
− Y al final se aclaró: fui precisamente a servir en casa de mi madre. Doña Isabel era la Carmina, y la Conchita era la hija falsa. ¡Madre mía, qué recuerdos! ¡14 años teníamos! Nos dirigía Lucía junto con la maestra de entonces.
En los intermedios de estas comedias, Maribeni Aguado nos evoca las guitarras entonando la jota de “La Dolores”, zarzuela de Tomás Bretón estrenada en 1895, con esta letra:
Plin, plin, plin. / Me comí un cabrito entero. / Plin, plin, plin. / el maldito me hizo daño. / Plin, plin, plin, / si me llego a comer otro / Plin, plin, plin./llaman al veterinario.
Lo que sí recapitula Eloy completo es el Himno de los monaguillos, puesto que también él lo interpreta en esa misma función. La directora, Justina Sanz, ha querido incluirlo al final, como se hizo más de treinta años atrás en Marianela:
Somos de la parroquia, los monaguillos, los monaguillos, / un cabildo en pequeño, de diez chiquillos, de diez chiquillos./
Se ganan por asalto alguna misa y algún rosario, / conquistando a tortazos el incensario, el incensario./
Cantamos de profundis y misereres, vísperas, salmos y recorderis./
Cuando se acaba la misa, la haya servido cualquiera, / es ya costumbre y deprisa de escurrir las vinajeras.
Si estando en esto entra alguno que sospechó la jugada, / bailamos una habanera a impulso de una patada./
Por lo cual hay que tener mucho pesquis y de aquí (ojo) / para apurar vinajeras, y el bulto escurrir de allí./
Porque si algún sacristán, nos coge en tal situación, / por lo menos mes y medio usaremos polisón.
Vamos muchachos a descansar, que al toque de alba listo hay que estar; / hay misas gordas y de verdad, y para el asalto hay que madrugar.
El son de las campanas, saca de quicio / a estos monaguillos, de poco juicio./
Y cuando las oímos, sin vacilar, empezamos nosotros a desfilar…tilin… tilín.
Buenas noches caballeros, buenas noches y a acostar, / que mañana hay misa gorda y queremos madrugar.
Para uniformar al completo al «cabildo» hubo que recurrir a los pueblos vecinos en demanda de los hábitos de los monaguillos. En fuente Olmedo habitualmente solo había dos.
Generaciones de jóvenes «artistas» de Fuente Olmedo. En la primera foto, con Don Jerónimo, aparecen, entre otras: Anita Ramos, Carmina y Goyita Ramos, Conchita Pascual, Maribeni Aguado y Angelines Espino. En la segunda, entre otras, Lucía Herrero y Purita Arroyo, en la boda de Conchita Pascual / Fotos familia Pascual Miguel.
La muralla
En torno a 1953 se apuesta por el sainete en tres actos El último mono, de Carlos Arniches, bajo la dirección del entonces veterinario Leoncio Granados. Pero la cosa no fragua bien, aparecen desavenencias entre los actores y no llega a representarse.
A finales de la década de los cincuenta, los jóvenes de Fuente Olmedo, Angelines Espino, Araceli Minguela y Eliseo González, entre otros, representan el drama “La muralla” de Joaquín Calvo Sotelo, también en el salón de baile y con la dirección del nuevo veterinario Franco Fuentes de Frutos, el conocido Don Franco, que fue el último veterinario residente en el pueblo. Se trata de una obra crítica sobre temas candentes: “Pasados quince años desde que el oficial don Jorge Hontanar usurpase una herencia, el egoísmo familiar levanta una metafórica muralla alrededor de don Jorge, impidiéndole devolver lo robado.”
Los cómicos visitan Fuente Olmedo

Fotograma de la película “El viaje a ninguna parte”, 1986, de Fernando Fernán-Gómez. (Procedencia: www.divxclasico.com)
Tal como refleja Fernando Fernán-Gómez en su novela llevada al cine “El viaje a ninguna parte”, Fuente Olmedo también recibe por los años 40 y 50 la visita de pequeñas compañías familiares de los denominados “cómicos”. Se alojan a pupilo en algunas casas del pueblo y ofrecen distintos espectáculos a lo largo de varios días en el salón del ayuntamiento.
Los hermanos Maribeni y Justo Aguado recuerdan especialmente la llegada de una compañía catalana:
− Creo que eran de Barcelona, dormían algunos en casa de la señora Juana “la albañila”, y estuvieron en Fuente Olmedo por lo menos dos semanas – rememora Maribeni. – Me acuerdo de su llegada anunciando las comedias mientras tocaban dos platillos y cantaban algo así:
Pongan atención señores / a lo que van a escuchar, / un suceso que ha ocurrido / con un joven militar.
Todos esos días había música después las comedias.
− Las funciones eran a última hora del día, sobre las siete u ocho de la tarde. Yo tendría unos diez o doce años y no me perdía ninguna. En casa nunca me daban dinero para apostar en los juegos con los demás chavales, sin embargo, para asistir a las comedias no había pegas – explica Justo –. Cada día era una sesión distinta. Hacían comedias, dramas, y las llamadas “variedades”, donde bailaban y cantaban.
− A veces les faltaban actores y nos pedían colaboración a la juventud. En “Genoveva de Brabante” (“La Duquesa de Brabante o Genoveva”, drama en tres actos y cuatro cuadros, en prosa de Domiciano S. Estefanía, 1947), trabajó el niño Licinio Pérez con una piel de cordero por encima, estaba majísimo… – detalla Maribeni –. Con esta compañía actuó de joven Eliseo González, y les gustó tanto como lo hacía que quisieron llevárselo con ellos.
− Se lo llevaron para actuar en La Fuente – apunta Laurentina González –. Pero ya no quiso mi hermano dedicarse a ello. Marchó a Madrid a trabajar para el ejército.
El Club de Amigos de Fuente Olmedo toma el relevo generacional
Hasta nuestros oídos de nietos de las generaciones pasadas que habían vivido en primera persona “las comedias de Fuente Olmedo” llega su recuerdo cargado de risas y emoción. Los largos veranos en casa de nuestros abuelos y el traslado de la celebración de Santa Brígida al mes de julio son el caldo de cultivo que me impulsa a proponer a mis amigos del pueblo el preparar una obra de teatro para amenizar la tarde del sábado de fiestas. Nos hacemos llamar “Club de Amigos de Fuente Olmedo”.
Entre mis 13 años y los 8 de mi hermana Alicia (Sobrino Pérez) se encuentran cercanas las edades de todos. Formamos el primer elenco: los hermanos Héctor y Andrea Sánchez, con sus primas Sara Fragua y Naroa Salcedo, Cristina Aranda, Jesús Aguado, Marina Rincón, Irene Medina, Ángela Pérez y su madre Elvira Bueno, la pequeña Judith Pérez y sus primos los hermanos Carlos y Alicia Sobrino. Ensayamos en las calles del pueblo, cualquier callejón fresquito o cualquier sombra nos viene bien, hasta que la tarde del 24 de julio de 1999 nos lanzamos al antiguo escenario del salón de baile con la adaptación cómica que hicieron “Los Teleñecos” en su película “Cuentos clásicos con Los Teleñecos” sobre el cuento de Hans Christian Andersen, “El traje nuevo del emperador”. Le pedimos ayuda a mi tía Susana Revilla como apuntadora, pues sus dotes de profesora infantil nos vienen al pelo.
Representación de “El traje nuevo del emperador” de Hans Christian Andersen , el 24 de julio de 1999. / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
– ¡Calamares! ¡Gambas a la plancha! – las voces del bar instalado en el mismo salón del ayuntamiento apagaron las nuestras. Cosas del directo.
Animados por los aplausos de esta primera obra, apostamos por un entrañable melodrama para el día 25 de diciembre del mismo año: “Cuento de Navidad” de Charles Dickens, acogiéndonos también a la versión cinematográfica de “Los teleñecos”. Al calor de la estufa de casca, esta vez el improvisado escenario es el salón de arriba, antigua escuela de Fuente Olmedo, y mi padre, Luis María Sobrino, nos apunta el guion desde la primera fila.
Representación de “Cuento de Navidad” de Ch. Dickens, el 25 de diciembre de 1999, en la antigua escuela/ Club de Amigos de Fuente Olmedo)
Marina Rincón interpreta su papel de una forma muy personal, provocando la risa del público en medio de un verdadero drama:
(Clara.-) No llores, Marta.
(Marta.-) No lloro. Es la luz, que molesta a mis ojos.
Tampoco faltan algunas lagrimillas de emoción entre los asistentes a la obra de Dickens.
Algunos actores se bajan del tren, pero una nueva artista se incorpora: Clara Sánchez, sus padres acaban de comprar casa en Fuente Olmedo. En julio de 2000 ya nos acercamos al panorama escénico de nuestros antecesores. Representamos la pequeña comedia “El collar” de Víctor Ruiz Iriarte estrenada en 1966. El guion cuenta que es el cumpleaños de Rosalía, su marido Eduardo le ha regalado un valioso collar que dará más de un disgusto. Enseguida llegan a la fiesta sus mejores amigos: Elisa, Carlos, Julia y Fernando.

Representación de “El collar” de Víctor Ruiz Iriarte, el 22 de julio de 2000./ Club de Amigos de Fuente Olmedo)
Los mayores nos dejan ensayar dentro del ayuntamiento, aunque algunas mañanas nos riñe la secretaria por las voces que damos… Actuamos en el soportal de la iglesia inaugurando nuestro primer escenario de telas pintadas sobre el bastidor que nos ha preparado mi abuelo, Federico Pérez. También repartimos un folleto de la obra por primera vez y añadimos música de radiocasete a la representación.
La tarde del 21 de julio de 2001 sopla el viento que da gusto y nuestros padres y abuelos nos ayudan a instalar el escenario atado a una pared de la iglesia, resguardando a los espectadores en el callejón de la cilla. Contamos con la colaboración especial de Darío López como narrador para “Los ateos” de Carlos Arniches. Es un sainete que refleja cuadros de ambiente popular madrileño donde sobresalen no sólo la chispa y gracia del lenguaje coloquial de Madrid, sino la construcción sencilla y perfecta con afán moralizante.
Representación de “Los ateos” de Carlos Arniches, el 21 de julio de 2001 . / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
En el primer acto, Jesús Aguado se hincha a beber mosto mientras el público ríe a carcajadas convencido de que se trata de vino tinto.
De nuevo en fechas navideñas de 2001, subimos al salón de arriba para interpretar “Fablilla del secreto bien guardado”. Esta comedia de Alejandro Casona nos recuerda los ambientes de nuestros pueblos castellanos, donde la vida transcurre entre penas y alegrías. Un hombre destinado a vivir con dos “grandes señoras” se afana en esconder un secreto… “Los calzones del panadero” que aparecen en escena pertenecieron en realidad al bisabuelo de Marina Rincón.
El 20 de julio de 2002 nos instalamos en la plaza de la cilla (plaza José Antonio entonces, plaza Santa Brígida actualmente) con un escenario más completo para “La media naranja”, de Joaquín y Serafín Álvarez Quintero. Ya tenemos tres “puertas” por las que entrar y salir en esta comedia de enredo, al tiempo que un nuevo fichaje: Mario Sobrino, mi primo segundo.
Representación de “La media naranja” de Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, el 20 de julio de 2002. / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
Intereses de madres e hijas en casamientos, cursilerías y falsas apariencias son algunos de los elementos de la trama. El humor quinteriano, siempre sano y bien intencionado, está continuamente presente en este retrato fiel de las costumbres de una época.
Nuestras edades aumentan (yo ya tengo 17 años y mi hermana 12), y con ellas la capacidad para abordar comedias mayores. Las “comedias de los chicos” se ha convertido en un acto más de la Santa Brígida de verano. Especialmente los más veteranos de Fuente Olmedo esperan cada año con ganas un nuevo espectáculo. Nuestras familias y vecinos se vuelcan con el montaje, se revuelven casas y armarios para dotarnos de la mejor escenografía y atrezo: ¡en la próxima comedia nos tenemos que comer un cocido en directo!
Empujados por este espíritu, el 26 de julio de 2003 interpretamos “El palco del Real” de Enrique García Álvarez y Celso Lucio. Yo ya manejo internet y consigo contactar con Jacobo González Perea, bisnieto del autor García Álvarez, quien se presta ilusionado a venir a Fuente Olmedo para presentar nuestra actuación casi un siglo después de su estreno en 1904. Las pequeñas Inés Sánchez y Cristina Fragua se suman al reparto.
Representación de “El palco del Real” de Enrique García Álvarez y Celso Lucio, el 26 de julio de 2003. / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
La trama cuenta que una familia modesta es invitada por una marquesa a una función en un palco del Teatro Real. A la ilusión que produce el acontecimiento, siguen los preparativos conformes a la circunstancia, llenos de apuros, imprevistos y dificultades, que se convierten en situaciones humorísticas reforzadas por los chistes lingüísticos y por la presencia de personajes estereotipados, como la chica coqueta, la criada respondona y descocada, las vecinas molestas, el novio despistado o el jefe y la secretaria inoportunos.Esta comedia gusta de manera sobresaliente. Aplaudidos y elogiados más allá de las fronteras familiares, nos alientan a explotar la función en más escenarios. Nos lo creemos y cargamos los bártulos en el remolque del padre de Sara Fragua para subirnos a las tablas del Centro de Artes Escénicas San Pedro, de Olmedo, en la tarde del 3 de enero de 2004, y a las del salón de actos del ayuntamiento de Matapozuelos la siguiente jornada, con la interpretación de mi tía Susana Revilla sustituyendo a Clara Sánchez.
Maquillaje en camerinos y representación de “El palco del Real” en Olmedo, el 3 de enero de 2004. / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
Nos preparamos en los camerinos y se encienden los focos, actuamos en un teatro de verdad. Mi madre, Rosa María Pérez, nos presenta en Olmedo:
– Tengo el orgullo de presentarles al Club de Amigos de Fuente Olmedo, una asociación de jóvenes que empezó hace cinco años. Desde entonces, han venido representando distintas obras de teatro en las fiestas de ese pequeño pueblo de Fuente Olmedo, al que, de una forma u otra, todos ellos se encuentran ligados.
Vivimos toda una experiencia de cómicos, pero nos gusta más actuar para nuestro respetable de Fuente Olmedo, sentado en la plaza de la cilla.
Llegamos a julio de 2004 con “Una noche de primavera sin sueño” de Enrique Jardiel Poncela. Los nervios nunca faltan y algún ensayo se hace complejo con lanzamiento de guion por la ventana incluido. Antes de abrir las puertas de la cochera de Pepito Minguela (actual plaza de Santa Brígida 1), quien nos ha prestado el nuevo “teatro”, agradecemos el impulso del público fuenteolmedano:
– ¿Y qué es el teatro sin público? Nada, un ser sin alma. Por eso, gracias, gracias a todos vosotros por vuestro apoyo, por vuestra ayuda y dedicación. Sinceramente, gracias por haber colaborado a mantener estos cinco años de amistad e ilusión.
Representación de “Una noche de primavera sin sueño” de Enrique Jardiel Poncela, el 24 de julio de 2004 . / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
La trama de esta nueva obra se sitúa en el Madrid de 1927, Mariano y Alejandra están atravesando una etapa de crisis matrimonial. Sin saber cómo ni por qué, ellos y el resto de personajes en escena se ven atrapados en las redes surrealistas y absurdas de un peculiar individuo que aparece por el balcón…
Al verano siguiente yo llego apurado de tiempo. He empezado la universidad y Arquitectura consume muchas horas y energías. Sara y Marina viajan fuera para aprender el necesario inglés. Jesús tampoco puede actuar este año. Nuestro elenco queda bajo mínimos. Sin embargo, sacamos adelante “Del Madrid castizo” el 23 de julio de 2005 en el nuevo salón del ayuntamiento. Repetimos autor con una selección de tres de los mejores sainetes de Carlos Arniches: “El premio de Nicanor o ¿a quién le doy la suerte?”, “Los milagros del jornal” y “Los ambiciosos”.
Representación de “Del Madrid castizo” de Carlos Arniches, el 23 de julio de 2005. / Club de Amigos de Fuente Olmedo)
El papel infantil de Judith Pérez en “Los milagros del jornal” hace reír al público con la respuesta al padre en defensa de la madre:
(Sidoro. -) Y yo, ¿qué soy?
(Tolina. -) Mi padre.
(Sidoro. -) Pues somos iguales.
(Tolina. -) Iguales; pero ella primero y usté después.
Así como encoge el corazón cuando la niña sale corriendo a sujetar al padre suicida que quiere tirarse por el balcón:
¡Padre! ¡Padre!
Las obligaciones estudiantiles y el correr de nuestras vidas detienen el tren de las comedias que durante seis años ha pretendido ofrecer al público de Fuente Olmedo unos pequeños momentos de encanto y felicidad, al mismo tiempo que acercarnos a algunos de los mejores dramaturgos que ha tenido nuestra literatura.
Cuando en el año 2017 la Ley de la Memoria Histórica obliga al cambio de nombres en el callejero municipal, el Ayuntamiento de Fuente Olmedo nombra calle Las Comedias a aquella que desemboca en la plaza donde se habían producido “las comedias de los chicos”, en homenaje a la afición teatrera del pueblo.























