Los santos de Fuente Olmedo: entre la devoción y la tradición agrícola y ganadera

Santa Brígida es la patrona, pero en el pueblo hay otras devociones muy queridas, ligadas al carácter agrícola y ganadero que siempre tuvo el pueblo.
Un día de las Candelas la procesión inicia la vuelta a la iglesia

Cuando los días empiezan a estirarse, estrenando febrero, Fuente Olmedo celebra la función, Santa Brígida. Es la fiesta mayor del pueblo, la celebración religiosa y festiva por antonomasia. En febrero se inicia de nuevo el ciclo de la vida en la naturaleza, marcado en sus primeros pasos por Santa Brígida, Las Candelas, San Blas y enseguida, con un día de descanso en medio, las Águedas. Estas celebraciones, que en el calendario religioso se conocen como los Disantos de febrero, vienen envueltas en el recuerdo de ritos y celebraciones de exaltación de la naturaleza que hunden sus raíces en la memoria, un pequeño ciclo festivo, muy querido en el medio rural, porque con él la nueva cosecha empieza a asomar. Así ha sido siempre, Santa Brígida era la fiesta grande, pero, tanto quiere Fuente Olmedo a su patrona, que ahora la celebra dos veces porque también aquí sucumbimos a la celebración veraniega, cuando los hijos del pueblo, (o los hijos de los hijos del pueblo), desperdigados en los sesenta, vuelven a casa y podemos estar todos.

Santa Brígida de Kildare, la monja irlandesa, la titular, era la fiesta mayor. Fiesta de iglesia y de baile, pitanza y procesión, ocasión de vestir las mejores galas y de estrenar abrigo porque febrerillo el loco aún pega en sus primeros días. Y ya puestos, por julio, el pueblo festeja otra vez a Santa Brígida: esta es la de Suecia, noble y prolífica madre, que tiene su festividad el día 23. Su celebración en nuestro pueblo, el último fin de semana de julio, para más facilidad, es una concesión necesaria a la reunión de las familias, a la vuelta al pueblo. Y si había que hacerlo ¿quién mejor que la copatrona de Europa para reunir a los fuenteolmedanos bajo el manto de Santa Brígida?


 

La celebración de la patrona, Santa Brígida, a finales del mes de Julio, es una concesión necesaria a la reunión de las familias

 


 

Está claro por dónde va la devoción y la fiesta en Fuente Olmedo, pero hay que decir enseguida que Santa Brígida no es la única cita que tenemos marcada en el calendario los de este pueblo. Su carácter agrícola y ganadero ha determinado que las celebraciones religiosas vayan unidas a las faenas y labores del campo, por lo que son, en su mayoría, comunes a todos los pueblos de la comarca, con los que nos hermana una misma tradición y con los que compartimos raíces.

Dejando, por ahora, de lado las celebraciones “civiles” que durante decenios ocuparon el ocio y favorecieron las relaciones sociales de este pueblo, (mayos, quintos, carreras de gallos y cintas, enramadas y demás jolgorios de mocedad), repasamos los santos de Fuente Olmedo, con los testimonios de vecinos del pueblo, testigos de estas celebraciones en el Siglo XX.

 

San Antonio Abad, San Antón, protector de los animales

El 17 de enero, San Antonio Abad, San Antón, como acabó por conocerse al santo eremita y monje. La iconografía religiosa le representa con un cerdo a sus pies, rendido el animal después de que el santo devolviera la vista a sus crías. Es el patrón de los animales, fiesta secularmente señalada en el medio rural en el que los animales de labor eran herramienta imprescindible en las tareas del campo, aunque hoy la conmemoración haya derivado en la fiesta de las mascotas y su celebración se centre más en las ciudades que en el medio rural. En Fuente Olmedo San Antón era una fiesta con cierto arraigo. Ese día, en la misa del santo, el párroco bendecía el agua en la pila bautismal.  Al menos un miembro de cada casa asistía al oficio para recoger el agua bendita en una jarra y con ella y con un improvisado hisopo de hierbas (romero, tomillo) o una escoba, por cuadras, cijas, gallineros y pocilgas iba bendiciendo a los animales de la casa, a la vez que pronunciaba la frase, “San Antón te guarde”. El día de su patrón era “festivo” para los animales de labranza que esa jornada no salían al campo, además de que a mediados de enero las heladas solían ser corrientes y no había muchas labores que hacer. Por eso para el labrador San Antón era un día “de fragua y corral” o “día de colgadizo”, que se aprovechaba para hacer tareas en las que no fuera necesario el concurso de bueyes o mulas. Se acudía a la fragua del señor Joaquín Pascual, la última de las dos que hubo, a echar punta a las rejas o se preparaban las orejeras del arado, se arreglaban aperos o se hacían reparaciones en corrales y cuadras. San Antón era una jornada que trascurría entre chanzas y bromas. La bendición de los animales se desviaba a menudo a las personas cercanas, a las que se acababa bendiciendo en tono jocoso y en medio de bromas ya que, genéricamente, se tiene a San Antón por el santo de los burros por la abundancia que había en todos los pueblos de este sufrido animal, el utilitario de todas las casas, que lo mismo servía para silla que para tiro.


 

Por cijas, cuadras, gallineros y pocilgas se bendecía a los animales, pronunciando la frase «San Antón te guarde»

 


 

En Fuente Olmedo, en 1758 había 36 burros, según la inagotable fuente de datos que es el Catastro de Ensenada. La grey de San Antón, según esta fuente, la completaban en esas fechas 66 bueyes de labor, 10 vacas lecheras, 13 yeguas con 2 potros, 4 caballos, 44 cerdos y 1.630 ovejas, además de gallinas, pavos, patos, gansos, palomas y demás ganadería casera. Una muy nutrida cofradía que se mantendría estable hasta mediado el siglo XX, cuando la llegada de los tractores jubiló a los animales de labor. San Antón tenía en estos años en Fuente Olmedo muchos más parroquianos que el párroco titular, ya que el censo de vecinos, (cabezas de casa), estaba formado unos años antes, en 1749, por “19 vecinos labradores, dos viudas labradoras que se regulan por otro vecino, dos viudas pobres que hacen otro vecino y doce jornaleros, de los cuales alguno siembra senara”, según nos cuenta un documento del concejo que se guarda en el Archivo Histórico Provincial.

 

San Gregorio, el pan y el queso de los moritos

El 9 de mayo, San Gregorio, obispo de Ostia y protector del campo, del que se cuenta que fue enviado por el Papa a España para combatir una plaga de langosta. De su éxito en el encargo le viene el patronazgo de los campos y el cariño con que celebran su fiesta los labradores. Después de detener la plaga Gregorio no volvió a Roma, donde era abad del monasterio de San Cosme y San Damián. Murió en Logroño y está enterrado en Sorlada, un pueblo de Navarra. San Gregorio es fiesta muy arraigada en Fuente Olmedo por ser el día de la bendición de campos. Mayo es el mes decisivo para la cosecha y todas las ayudas son pocas. Día de rogativas y rezos por una buena cosecha que ya está apuntando. Ese día el labrador trabajaba hasta la hora del almuerzo y a media mañana participaba en la procesión, con la Cruz Parroquial al frente, que se dirigía por el camino de Aguasal hasta el sendero de Las Procesiones, para subir por la ladera hasta el sendero de los Gallegos, donde enlazaba con el camino de Olmedo y cerraba el circuito de nuevo en la iglesia. Este itinerario histórico, que dejó de cubrirse cuando Don Jerónimo Rodríguez, el último párroco que vivió en el pueblo, fue cumpliendo años y la cuesta de La Cerrajona se lo ponía difícil, se sustituyó progresivamente por salidas “más asequibles” y cercanas al pueblo.

 

Una de las últimas procesiones de bendición de campos, celebrando el día de San Gregorio en 2023, con la Virgen del Rosario.

En la memoria de Fuente Olmedo quedan los cánticos de las rogativas pidiendo la lluvia, cánticos a la Virgen ya que generalmente San Gregorio coincidía con la novena a la Virgen del Rosario: “Todos estos jóvenes muy atribulados / te piden el agua para los sembrados”. Los que vivieron aquellos años, primera mitad del siglo XX, como Eloy Pérez, aún recuerdan las vozarronas de Enrique Arroyo y Taquio Crespo entonando las rogativas, “los que más destacaban con sus voces más fuertes eran siempre Enrique y Taquio, que hacían retumbar las bóvedas de la iglesia. Esto también se repetía en Cuaresma cuando entonaban el Perdona a tu pueblo, Señor, aún más exagerado”. Eloy evoca el elevado tono de los dos comparándolo con el sosiego y la armonía de las Hijas de María, en el que sobresalía la voz de Leonor Rincón, desde el coro de la iglesia. En la pista musical de aquellos años Eloy recuerda la reciedumbre de las misas cantadas por don Jerónimo, al que daban la réplica los monaguillos Antonio Pascual y Emilio Minguela en el cántico gregoriano, los dos de la quinta del 58, que completaban Jesús Fragua, Aurelio Fragua, Juan José Muñoz, Isidro Pérez, Eliseo López y Demetrio, hijo de un guardaagujas, cuya familia salió de Fuente Olmedo antes de que le llegara la edad de entrar en quintas. Esta fue una de las últimas promociones que puso el mayo y corrió los gallos y las cintas, apunta Emilio, que cuenta que en la mañana de San Gregorio los labradores “echábamos la mañanada en el campo y luego ya se iba a la procesión, con la cruz parroquial, porque imagen de San Gregorio nunca ha habido en Fuente Olmedo”.

La quinta del 58 corriendo las cintas en los cimientos, camino de Bocigas. Antonio Pascual abre la marcha con la yegua de Felisín.

Rescatamos fotos de la quinta del 58, en la galería En Blanco y Negro, aquí.

Finalizada la función religiosa, los hombres, (no las mujeres ni los niños), se reunían en el Centro y el Ayuntamiento invitaba a pan y queso, (“80 ó 90 nos hemos llegado a juntar ese día en el Centro”, recuerda Emilín), refresco tan característico que en muchos lugares denominan a San Gregorio como el día del pan y el queso. No está muy clara la procedencia de esta costumbre, más allá de que pan y queso son alimentos básicos y de producción propia en el medio rural. En alguna comarca se alude a que antes de San Gregorio se permitía que ovejas y cabras pastasen en los prados del concejo y con esa leche se elaboraba el queso de la fiesta. En Fuente Olmedo, mientras estuvo en vigor el sistema de diezmos y primicias para el mantenimiento de la iglesia, hasta 1837, el queso era uno de los productos diezmables, con el trigo, la cebada, la avena, el centeno, las garrobas, los corderos, la lana, los pavos y los gansos, que resumen lo que producía el término. Como diezmo, una décima parte de la producción, el pueblo tributaba a la parroquia, a mediados del siglo XVIII, 32 libras de queso al año, en torno a 14,5 kilos, según los libros de cuentas de la parroquia.

A los pastores, que por su oficio no habían podido participar en el refresco, se les guardaba el queso y el pan hasta la noche, cuando ya habían acabado las tareas, recuerda Justo Aguado que apunta que era costumbre que el vino corriera a cargo de los nuevos vecinos de ese año, cuando los había. Antonio Pascual rememora que hablando de fiestas los pastores organizaban la suya: «Llegó a haber 10 y 12 pastores en Fuente Olmedo. La mayor parte de los labradores tenían peara de ovejas. Como el término estaba a dos hojas había comida para ellas todo el año. El día de San Pedro, (al que se llama San Pedro borreguero, patrón de los pastores), el 29 de junio, que era cuando se ajustaban los pastores, se reunían todos en la plaza, contra el hastial de doña Paula, hacían una raya en el suelo y jugaban a ver quien atravesaba más certeramente la cayada en la raya. Hacían limonada e  invitaban a la gente».

En la década de los cincuenta del pasado siglo, cuando empezó a flaquear el censo,  se acortó la procesión de bendición de campos y se incorporó a la Virgen del Rosario, que en esas fechas se encuentra en novena. Posteriormente, a mediados de los 60, ya con el padrón en franco descenso, se pasa la fiesta a la tarde y al convite acude ya todo el pueblo, como un símbolo de que los tiempos están cambiando.

 

La procesión de San Gregorio y la bendición de campos, tienen un significado particular en Fuente Olmedo, ya que de ella sale, según la tradición, el mote con el que se nos conoce en todo el entorno a los nacidos en este pueblo: los moritos. Esta de los moritos, como todas las tradiciones orales, atraviesa los siglos y se asienta en el imaginario popular por más que lo narrado no cumpla la lógica más elemental. Es el caso que un día de San Gregorio, desde luego de hace muchos años, salió la procesión por el camino habitual. Al llegar al arroyo de Doña Pola, que emboca las aguas del pueblo camino de las cárcavas de Aguasal, vieron que bajaba muy crecido. Imposible cruzarlo. ¿Qué hacer? La procesión tenía que cubrir el recorrido previsto, no podía retroceder, a riesgo de dejar sin bendecir los campos en una etapa crucial de los sembrados. La leyenda asegura que, ni cortos ni perezosos, los cofrades atravesaron la cruz parroquial en el arroyo y sobre el mástil pasó toda la compaña. En una época de acentuada religiosidad y en la que la vida diaria estaba muy sacralizada, un hecho así tenía que considerarse casi herético, así que la menor descalificación que se les podía adjudicar a aquellos fuenteolmedanos era la de llamarles “moritos”, como se llamaba a los niños no bautizados. Y con “moritos” nos quedamos para los restos.

Es esta una leyenda a todas luces fabulosa, pero, desde luego, muy antigua. Dos coplillas populares, de fecha incierta, lo atestiguan. En los dos casos se trata de la clásica relación de pueblos de una comarca con sus características o señas más destacadas. Dice una estrofa de la primera: “En Villeguillo los buenos bueyes/en Llano las buenas vacas/en Fuente Olmedo los moritos, que todos usan corbata”. Y la segunda: “Los cuadroneros en Llano/los tiestos en Aguasal/los hidalgos en Doñibla/y los moritos cerca están”. Y tan cerca. Donibla, a kilómetro y medio de Fuente Olmedo, se despobló en el último tercio del XVII, como reflejan documentos de la Diócesis de Ávila, lo que llevaría el origen del mote a fechas en cualquier caso anteriores al nacimiento de esta copla.

(Por cierto, si alguien de los que lean esto conoce el texto completo o alguna estrofa más de estas dos coplillas, que nos lo cuente, porque las dos han llegado muy reducidas a nuestros días, apenas algún verso suelto más.)

 

San Isidro Labrador, el santo mozárabe

El patrono oficial de los labradores es San Isidro Labrador, que se celebra el 15 de mayo. Ysidorus Agrícola, como denomina al santo una de sus primeras referencias en el siglo XVI, había nacido en Madrid a comienzos del segundo milenio, en torno a 1082. En realidad, Madrid vendría más tarde. San Isidro nació en el Mayrit árabe, cuando era apenas un asentamiento agrícola y de vigilancia en la marca media de la frontera musulmana. Quizá se explique así la extrañeza que causa pensar en el patrón de la agricultura como un nativo del Madrid cosmopolita actual. Muy pronto, con la conquista de Toledo en 1085, la frontera avanzó hasta el Tajo y la villa fundada por los omeyas de Al Ándalus sobre un asentamiento visigodo, la única capital europea de origen árabe, quedó en territorio cristiano. Isidro, mozárabe, cristiano en territorio musulmán, fue zahorí, pocero y labrador por cuenta ajena. Como en la de la mayoría de los santos medievales, la vida de San Isidro nos ha llegado envuelta en la niebla de la leyenda. Las hagiografías, elaboradas a partir de que en el S. XVII fuera canonizado, le muestran en oración mientras los ángeles aran el campo con su yunta y así se le representa en las iglesias de todos estos pueblos de pan llevar, en los que es raro que falte su imagen.

 

En Fuente Olmedo la celebración comunal de San Isidro como patrono de los agricultores no llega hasta la creación de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, a partir de 1944, como ocurrió en la mayoría de los pueblos, salvo los que, como Aguasal, le tenían como patrono anteriormente.  De esos años es la imagen del santo que se guarda en la iglesia de San Juan Evangelista. Emilio Minguela cuenta cómo llegó la imagen a Fuente Olmedo: “Por esos años era alcalde mi padre, (Pepe Minguela), y propuso que ya que celebrábamos San Isidro había que tener una imagen del santo. Un hermano suyo, Luis, que vivía en Segovia, se encargó de comprar allí la imagen del santo, con los bueyes y el ángel y lo mandó todo por la Renfe, a la estación, y fuimos allí a recogerlo, todo embalado en un cajón. Yo soy del 37 y tendría diez u once años, pues sería por 1947 o 48 cuando se trajo la imagen de San Isidro de Segovia. Se hizo una fiesta grande en el pueblo para señalar la llegada y otro tío mío, Celestino, hermano de Pepe, que vivía en Ávila, nos dio una charla sobre el santo”.

La celebración tenía su acto central en la función religiosa que presidía la junta directiva de la nueva entidad que agrupaba a los labradores y a la que solía asistir todo el pueblo. Después los hombres acudían al salón del baile donde se daba un refresco que todos los de la época recuerdan por las galletas de vainilla, “la delicatessen de la época”, evoca Justo Aguado, que servía la tienda de Marino Martín, tendero y labrador, acompañadas por la limonada que hacía Mariano Lozano, el zapatero, que con su hermana Josefa regentaba el bar del Centro de Labradores. Como en San Gregorio hasta muy avanzada la década de los sesenta no empiezan a participar en esta celebración las mujeres del pueblo. A finales de los setenta la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos dio paso a la Cámara Agraria Local y ésta, a principios de este siglo, a la Junta Agropecuaria Local, pero ya el pueblo había perdido prácticamente su carácter agrícola y empezaba a acuñarse el sambenito de la España vaciada, en la que irremisiblemente había quedado enclavado nuestro pueblo, lejana ya la celebración multitudinaria de las galletas de vainilla.

San Isidro cae mediado el mes de mayo y, aunque pocos días antes se ha celebrado San Gregorio y con él la bendición de campos, los labradores no desaprovechan la ocasión de pedir ayuda a su patrono y en la procesión le cantan:

! Oh San Isidro glorioso / mira piadoso al labrador / que te venera y alegre canta / tus alabanzas con gran fervor ¡

Puro inocente, ángel hermoso / pasas dichoso tu juventud / y mientras hábil rasgas la tierra / sigues la senda de la virtud.

Con el arado juntas tu rezos / y el embeleso de tu oración / y el cielo premia tanta entereza  / con la pureza del corazón.

Criado humilde de Juan de Vargas  / horas amargas has de pasar / pero triunfante te saca el cielo / tanto recelo al disipar.

De agua fresca en el verano / tiene tu amo necesidad / y con la aijada rasgas la tierra / y brota de ella un manantial.

 

La novena a la Virgen del Rosario y las rogativas

A primeros de mayo se celebraba la novena a la Virgen del Rosario. Durante nueve días consecutivos el pueblo participaba en el rosario y se organizaba para “velar” a la Virgen, como en Semana Santa se hacía con el monumento. Velar era acompañar, custodiar a la imagen y se cuidaba mucho de que la Virgen no estuviera sola en su novenario. Justo Aguado, recuerda cómo se organizaban los turnos de vela en los años sesenta y setenta: “El primer día de la novena, que en tiempo de Don Jerónimo arrancaba un sábado para finalizar al domingo siguiente, velaban el párroco y los niños de la escuela, el segundo día las mozas del pueblo, que como casi todas formaban parte de la Medalla de María se las llamaba las Hijas de María. El tercer día velaban los mozos. Los cinco días siguientes el pueblo se dividía en cinco barrios que cubrían su turno y el noveno velaba el Ayuntamiento”. Hasta el fallecimiento de Don Jerónimo los dos domingos de la novena había procesión por la mañana. “Por la tarde, en el Rosario se cantaba el Ave María y, como en la mayor parte de los pueblos, se entonaban las rogativas pidiendo la intercesión de la Virgen para que lloviera.

Con la música de “El 13 de Mayo”, el himno a la Virgen del Rosario de Fátima, los fuenteolmedanos entonaban:

Ave, ave, ave María / Ave, ave, ave María (estribillo)

“Remedio pedimos para nuestros males / y para los campos buenos temporales”.

(estribillo)

El agua en el campo es muy necesaria / agua te pedimos en esta plegaria.

 

Cada turno de vela, además de los cantos comunes de toda la novena, entonaba su entrada particular, que Don Jerónimo se había encargado de poner en verso para que encajara:

Con mucha alegría y mucho cariño /velan a la Virgen todos estos niños.

Ya sabes que son Hijas de María / las que a suplicarte vienen este día.

Todos estos jóvenes muy atribulados / el agua te piden para los sembrados.

Con mucha alegría y mucho contento / hoy vela a la Virgen nuestro Ayuntamiento.

Con mucha alegría y mucho fervor / vela hoy a la Virgen un agricultor.

 

Carlos Fuentes Monjas, (Carlitos, el de Don Franco), señala, en una foto de los años 60, el cruce de la general al que iban los quintos para aprovisionarse de ramas para la enramada

Mayo es, además, el mes de las flores, el mes mariano por excelencia, que en aquellos años se realzaba engalanando la iglesia, poniendo la enramada en el soportal y cubriendo el altar mayor con el dosel. Una operación que tenía su intríngulis por el tamaño y el peso del gran paño azul con estrellas blancas que se descolgaba desde las bóvedas, entre el jolgorio de los monaguillos que se encargaban de gatear por las troneras para asegurar la maroma que le sujetaba. Emilín recuerda lo complicado de la operación “y menos mal que estaban la Nicolasa (López) y la señora Petra (Hernández) que como lo hacían todos los años ya tenían costumbre y dirigían la operación”. Poner el dosel era tarea de las mozas del pueblo, las Hijas de María, mientras que los mozos se encargaban de la enramada, cubrían con ramas los arcos del porche de la iglesia. Antonio Pascual tiene aún muy presente el año en que la Guardia Civil les pilló con el carro lleno de ramas: «Íbamos al cruce de la general porque era el único sitio donde había árboles y allí cargábamos y nos veníamos al pueblo, pero ya de vuelta aparece la Guardia Civil, nos para y nos dice que de dónde ha salido todo eso. ¡La que se preparó!. Tuvieron que escribir una carta el alcalde y el cura porque nos querían empapelar». Debió ser gorda ese año la operación de la enramada porque Emilio aún lo recuerda: «… de noche, con un cacho linterna, la que pudimos liar ese año fue buena!»

Una tarde de este mes de marzo Maribeni Aguado y Maruja Díaz entonaron algunos de los cánticos de la novena para esta evocación de las rogativas, con Marujita Herrero y Belén Sobrino animándolas a revivir sus recuerdos. Extractamos las dedicatorias de cada día y el cántico general de despedida de las novenas, que puedes buscar en la sección En Primera Persona, aquí.

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4 respuestas

  1. Un apunte más, sobre la imagen de San Isidro, además de lo que cuenta Emilio, también tengo idea, de que el arado que portan los bueyes es obra de su abuelo Emilio Ramos, que lo hizo con todo detalle, pieza a pieza como obra de artesanía, en sustitución del que traía la imagen que era muy simple.

    1. Los monaguillos siempre nos quedamos con las ganas de jugar con aquel par de bueyes, pero San Isidro, tan serio, imponía. Y además estaba Don Jerónimo, que era mucho Don Jerónimo.

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