La evolución de la vivienda en Fuente Olmedo a través de los siglos (Parte 1)

De la casa baja con cuadra, corral y pajar del siglo XVIII a las casas con alcoba italiana, sala de estar y gloria del S. XX, el caserío de Fuente Olmedo refleja la evolución de la vivienda rural
Vivienda de Fuente Olmedo con su fachada original restaurada

El Catastro del marqués de Ensenada habla de “casa baja con caballeriza, corral y pajar”. Así describe el edificio predominante de Fuente Olmedo en el siglo XVIII. Entendemos se corresponde con la casa del labrador “mediano” y poco va a variar hasta mediados del siglo XX.

Sobre este tipo de casa surgen variaciones según la prosperidad del propietario, y también si su oficio difiere de la agricultura. Podemos encontrar casas bajas sin caballeriza ni pajar, o incluso sin corral. Casas de dos alturas vivideras a partir del siglo XIX, como la casa del maestro (hoy ausente en calle Eladio Sobrino 1), calle Eladio Sobrino 3 y 5, o calle la Torre 3, cuyo “sobrao alto” sirvió de salón de baile hasta la construcción del ayuntamiento actual.

Un dibujo de Juan Palencia en El Norte de Castilla refleja el caserío de casas bajas de Fuente Olmedo a finales del siglo XX.

Vamos a ir desgranando las características reflejadas por Ensenada que nos permitirán conocer la “forma de habitar el lugar”.

Primera. La casa es unifamiliar 

Es decir, vive una sola familia con un matrimonio a la cabeza. Los recién casados no conviven con sus progenitores, salvo viudedad de alguno de ellos, pasando entonces a ser los señores de la casa. Si uno de los cónyuges es el destinatario de la labranza familiar, sí se produce un tiempo de convivencia con los padres o suegros, hasta reunir el capital suficiente para independizarse o hasta que los “roces” de la coexistencia llegan a sus límites. En el caso de los asalariados agrícolas la emancipación del hogar familiar es más fácil, al disponer de un salario mensual con el que pagar el arriendo de una casa para la nueva pareja. Conocido es el dicho “el casado, casa quiere”.

En familias con mejor suerte y grandes corrales, los padres de los novios segregan la propiedad para construir una nueva casa con corral independiente si es posible. Ejemplos de esta forma de proceder que han llegado hasta nuestros días son: 

  • Calle la Torre 2, es la vivienda de los padres, y calle la Torre 4, es la vivienda que construyeron para dar acomodo a sus hijos casados. 
  • Calle Eladio Sobrino 4 y 6, ídem de lienzo. 
  • Calle Eladio Sobrino 2 y plaza Mayor 6, más de lo mismo.

Como caso peculiar, conocemos calle Real 18, donde optaron por construir en altura dos viviendas independientes compartiendo corral. 

Segunda. La casa de Fuente Olmedo es “baja”

Tiene una única planta al nivel de la calle y un “sobrao”. El sobrado es el espacio que “sobra” entre el techo de la planta baja y el tejado. En realidad esta estancia “no sobra”, se construye a propósito haciendo que el techo de la planta baja pueda soportar peso encima, en el sobrao. El grano de la cosecha se sube hasta aquí en “costales” cargados al hombro por la escalera de madera que hay en el portal de la casa, y se deposita en el suelo del sobrao formando montones separados con maderos para diferenciar su clase (trigo, cebada, garbanzo, algarroba). La escalera no es abierta ni se ve desde el portal, sino que está entre tabiques y se cierra con una puerta. En el sobrao también se curan los jamones y los chorizos, se guardan trastos en general, y se tiende la ropa cuando llueve.

Ejemplos de casas con sobrao y salas a la calle en las calles Real y de Bocigas (Foto L.C.R.)

Constructivamente, el sobrado funciona como una cámara de aire que protege térmicamente a la casa baja: en invierno no hará tanto frío y en verano no hará tanto calor. Por otra parte, si se mueve alguna teja, la gotera llegará antes al sobrado que a la vivienda. Poniendo un cubo se podrá aguantar el chaparrón hasta que los dueños de la casa se decidan a “retejar”. Y es que los tejados de Fuente Olmedo son “a la segoviana”, sólo llevan tejas curvas con su cavidad hacia el cielo. Hay quien dice que su origen no se debe a una razón de ahorro de material, sino al rumor de un nuevo impuesto en 1520 difundido por la oposición Comunera: “Cada hombre casado pague un ducado por su persona. Otro por su mujer. Un real por cada mozo o moza. Ciertos maravedís por cada perro. Y tanto por las tejas del tejado […].” Bajo la teja, una capa de barro arcilloso sobre la tabla “de ripia”.

Hasta finales del siglo XIX, se utilizan vigas de madera apoyadas sobre pies derechos para formar la inclinación del tejado, y “gualderas” para construir el suelo del sobrado. Las gualderas son las partes curvas longitudinales que sobran al escuadrar los troncos de pino cuando se quieren obtener vigas de sección cuadrangular. Las gualderas se colocan con la parte plana hacia abajo (formando el techo de la planta baja), y con la parte curva hacia arriba (formando el suelo del sobrado, que se rellena con barro para que la superficie quede lisa). Posterior al uso de gualderas en el tiempo, es la tabla maciza de buen ancho y espesor clavada a las vigas. El sobrao puede tener un ventanuco a la calle o no. Ejemplos de sobraos primitivos son calle Eladio Sobrino 2 y 4, calle las Comedias 2 y 4, calle Real 5, 7, 10, 20 y 22.

Desde esta época en adelante, se empiezan a utilizar las “cerchas de pendolón” como estructura de madera para el tejado, y “tablero del norte” o entarimado para el suelo. Los ventanucos hacia la calle se hacen más notables al aumentar la altura del sobrado, llegando a convertirse en verdaderas ventanas. Ejemplos de sobraos evolucionados son calle Bocigas 1, plaza Mayor 2 y 3, calle Eladio Sobrino 3, 6, y 7, plaza Santa Brígida 7, calle Real 3 y 11, calle la Torre 2, 3 y 4.

Bajamos al nivel de la calle, que en Fuente Olmedo permanecerá sin pavimentar hasta la década de 1980, por lo que delante de la puerta de la casa encontramos a menudo una rústica acera de cantos. La de calle la Torre 2 es más elaborada y todavía sobrevive. A veces también hay “poyos”, “cantones” o bancos de piedra adosados a la fachada, que sirven de asiento para la vida social en la calle. Hoy los observamos en calle Eladio Sobrino 2, en plaza Santa Brígida 7, en carretera de Bocigas 1, y también en calle la Torre 2. Se podría decir que este espacio público delante de la casa ya forma parte de ella. Hay quien lo adorna con tiestos cuando avanza la primavera, y muchos sacan sillas a la puerta de la calle para tomar el fresco en verano o hacer labores de costura en las tardes con buen tiempo.

La puerta de la calle está dividida en horizontal por dos hojas macizas de madera: la inferior siempre permanece cerrada, la superior soporta la “aldaba” o llamador y a veces se deja abierta para ventilar el portal. Se mantienen la de calle Real 10 y calle la Torre 3. Alguna está formada por dos hojas verticales macizas, como la de calle Real 5. Muy avanzado el siglo XIX se instalan en general dos puertas con acristalado enrejado, a veces dibujando en forja las iniciales de los propietarios como las de plaza Mayor 3, calle Eladio Sobrino 2, calle Real 22, calle la Torre 2 y 4.

Si echamos unos pasos hacia atrás podemos contemplar la fachada. Seguramente hasta bien entrado el siglo XVIII o incluso el XIX, el aspecto de todas las fachadas de Fuente Olmedo es similar: un revoco arcilloso con encalado posterior protege y oculta el material de construcción que no está pensado en origen para dejarse visto a la calle. Las casas se cimentan en cantos, tan abundantes en el término, unidos entre sí con cal. Sobre los cantos, se construyen los muros principales de la casa donde apoyan las vigas del sobrao. En consecuencia, la separación de los muros viene marcada por el tamaño de los troncos de madera: entre 3 y 4 metros. Los muros se levantan con un entramado de pilares o machones de “adobes”, ladrillos de barro y paja secados al sol. Entre estos machones se forman unos “cuarterones” que se encofran y se rellenan con “tapial”, tierra arcillosa mezclada también con paja y algunos cantos pequeños que se apisona para su buena compactación. En los hastiales (muros laterales con su parte superior triangular) y en los tabiques (muros de menor espesor para compartimentar estancias) se utilizan pies derechos de madera para formar otro entramado que se completa con adobes en vez de tapial. Los cargaderos de puertas y ventanas se hacen con madera.

En algunas construcciones del pueblo las paredes desnudas muestran los cuarterones de adobe o tapial. Fotos L.C.R.

El apogeo económico que vive la zona en el siglo XVIII permite a los labradores de Fuente Olmedo el uso del ladrillo en sus fachadas, reservado hasta entonces para edificios de mayor entidad como la iglesia o la cilla. El ladrillo de cerámica cocida en horno es más resistente y duradero que el adobe, por lo que le reemplazará en las fachadas conformando los machones del entramado, cuyos cuarterones sí se mantienen en adobe o tapial revestido con cal. Las ventanas se hacen más grandes al formarse con arcos rebajados. También se utiliza el ladrillo o baldosa de tejar en zócalos, aleros y suelos interiores.

Desde entonces la fachada de las casas adquiere un papel importante en las calles. Se cuida su composición, tendente a la simetría, y la factura de sus materiales. Aparecen rejerías de ventanas y aleros con más adorno, como ya hemos dicho de ladrillo, pero también de lajas de pizarra (calle Eladio Sobrino 2, calle Real 10, calle la Torre 3), y de canecillos de madera labrada (calle Real 18, calle la Torre 2 y 4). Hasta Fuente Olmedo llegan también los “esgrafiados segovianos” de distintas épocas en calle Eladio Sobrino 3, 11, y calle Real 3. En esta última encontramos además unos torreones ornamentales siguiendo la moda ecléctica neomudéjar. El uso del mortero para imitar sillerías sobrevive en calle Real 5, y su empleo es generalizado para recercados de puertas y ventanas. Han desaparecido pinturas decorativas simulando trabajos de cantería o esgrafiados en plaza Mayor 6, calle Eladio Sobrino 11, calle Real 1 y 5. Se han recuperado evolucionando al mortero en calle Eladio Sobrino 3.

Entendemos que la fachada principal de las casas de Fuente Olmedo tiene un carácter escenográfico o simbólico que no tienen las fachadas al corral o a calles secundarias. Es fácil observar esta distinción en el tratamiento de las fachadas principales y laterales en calle Bocigas 1, plaza Mayor 2, calle Eladio Sobrino 3 y 11, calle Real 7 y 13.

Por la puerta de la calle se entra al “portal” de la casa. Se trata de un distribuidor que reparte las puertas de las estancias que componen la vivienda. En primer lugar, a un lado o a los dos, encontramos la “sala” o salas con ventanas a la calle. A continuación, la puerta del sobrao, y al fondo (oscuro casi siempre) la puerta de la cocina y de la cuadra. Entre medias, pueden aparecer cuartos sin ventana con funciones de despensa, armario, o dormitorio auxiliar. El mueble imprescindible en el portal es la “cantarera”, donde se almacena el agua en cántaros para el uso doméstico. El agua corriente no llega a Fuente Olmedo hasta la década de 1960. Perchero, espejo y cómoda tampoco suelen faltar. Sobre la cómoda, imágenes religiosas o las figuritas del Belén napolitano cuando éste se puso de moda entre las gentes populares. Si el portal es grande, suelen situarse sillas, sillones de mimbre o bancos en las paredes (los asientos que se “sacan al fresco”), y sirve como recibidor o lugar de tertulia para las visitas por ser lugar refrigerado en verano (y en invierno). Con el avance del siglo XIX, algunas casas instalan una cancela de madera acristalada a modo de cortavientos, generando un “portalillo” previo y el portal propiamente dicho.

La sala es una habitación generosa con una o dos alcobas. La alcoba es un espacio sin ventana, con un hueco grande que se abre hacia la sala. Las alcobas más antiguas tienen la dimensión justa para que quepa una cama de matrimonio o individual y si acaso, su correspondiente mesilla donde guardar el orinal y apoyar la palmatoria. El orinal es necesario para evitar salir al corral en mitad de la noche y para los enfermos. La palmatoria es el soporte de la vela que se enciende con la lumbre de la cocina para llegar hasta la alcoba, cruzando el portal y la sala sin luz hasta la década de 1940 en Fuente Olmedo. En algunas casas existen “candilejas” de aceite colgadas en las paredes y “carburos”, pero el último que se acuesta debe “apagar las luces” y llegar hasta su cama con la palmatoria. 

Los colchones y las almohadas están rellenos de lana y se apoyan en el “jergón”: colchón previo relleno de paja para hacer más mullido el asiento del colchón de lana sobre la tabla de la cama. Con el paso del tiempo el jergón se sustituye por el somier de muelles, más higiénico al ser de metal, como el “catre” o estructura de la cama que evoluciona de la madera al hierro forjado, y niquelado más adelante. Las sábanas primitivas de lienzo tejido con lino y cáñamo prosperan con el tiempo al algodón. Forman parte del “ajuar” que aporta la mujer al matrimonio y siempre han sido personalizadas bordando las iniciales de sus dueños, para que no se confundan con las casas vecinas en las balsas o en el río. Frecuentemente las novias han dedicado tardes y tardes en tejer puntillas y ganchillos para adornar estas ropas de cama. Las mantas están tejidas con lana, y habitualmente se cubren con una colcha decorativa de lana, algodón o incluso seda, según la fortuna del matrimonio.

La evolución de la vivienda y el aumento del poder adquisitivo traen a Fuente Olmedo las alcobas italianas y las amplias salas de estar (Fotos Carlos Sobrino y https://casasenventaypisosalquiler.es/casas-alquiler/fuente-olmedo)

La alcoba es un espacio casi sagrado, pues hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX en Fuente Olmedo, en ella se nace, se engendra a los sucesores, y se muere. Quizá por esta razón trascendental sobre el cabecero de las camas siempre se coloca algún símbolo religioso cristiano, como una cruz, una estampa o una figurilla. A los pies se guarda el “palo” de hacer la cama, pues facilita el estirar sábanas sin tener que rodearla y ayuda a varear o mullir colchón y almohadas a diario. Tampoco suele faltar el “calentador”, un recipiente metálico con mango para cargar las últimas brasas de la cocina y aclimatar el interior de la cama antes de acostarse. Si éste falta, un ladrillo caliente envuelto en trapos hace su función.

El hueco que da paso a la alcoba suele cubrirse con cortinas gruesas que cumplen tres funciones: guardar el calor de la alcoba durante las noches más frías, ocultar las camas mientras se utiliza la sala, y dar intimidad a los durmientes cuando comparten la sala con otra alcoba. De nuevo el siglo XIX trae novedades y en muchas casas de Fuente Olmedo las alcobas se hacen más grandes y permiten acoger en su interior el armario ropero. El hueco que comunica la sala con la alcoba se cierra con dos puertas acristaladas o se amplía creando tres aperturas, siendo la central de arriba a abajo, y las laterales con un antepecho a modo de grandes ventanas. Es lo que se llama la “alcoba italiana”: decoración arquitectónica realizada en madera, bien tallada y policromada, bien revestida con yeserías, simulando una arquería. Los motivos ornamentales se inspiran en modelos del Renacimiento italiano, añadiendo variaciones habituales en las interpretaciones historicistas del siglo XIX y XX. En Fuente Olmedo, predominan las tendencias neomudéjares, encontrando perfiles mixtilíneos y lobulados en arcos o dinteles.

La sala tiene ventana a la calle, una ventana de madera con dos hojas acristaladas que se abren con la “falleba” y que se tapan por dentro con los “cuarterones” o contraventanas también de madera, con el fin de oscurecer la sala y de aislar mejor contra el frío. Entre el cristal y el cuarterón es corriente, según las modas, colocar el visillo para dejar pasar luz pero evitar miradas indiscretas hacia la sala desde la calle. De nuevo para proteger del frío, en la pared de la sala suelen colgarse cortinas que ”se echan” o cierran cuando cae la noche. Por fuera, entre la reja y la ventana, se cuelga la persiana enrollable de madera, a fin de sombrear cuando “pega el sol”.

La sala es una estancia polivalente que cumple múltiples misiones. Por un lado funciona como “pieza de vestir” del durmiente en la alcoba, pues en una pared se ubica el baúl ropero, que después se transformará en “armario de luna”. Por otro lado funciona como “salón social” de la familia: la sala se convierte en comedor de fiesta para acoger a parientes y amigos en los días señalados, en lugar de visitas al paciente enfermo que se encuentra en la alcoba, y también en sala de velatorio cuando se produce el fallecimiento de algún miembro de la casa. En consecuencia, el mobiliario es versátil para adaptarse a las distintas ocasiones y se fundamenta en una mesa central con sillas alrededor o arrimadas a las paredes. 

Como espacio representativo público que es de la familia, en la sala se disponen los enseres con más valor de la casa. Ya hemos hablado del baúl ropero, frecuentemente con herrajes muy elaborados y madera decorada. La mesa y las sillas también tienen una factura superior a las del resto de la vivienda. El “brasero” metálico es otro elemento funcional (para atemperar la sala con brasas cargadas de la lumbre de la cocina) que muestra especial adorno y cuidado en su fabricación, como los candiles y algún candelabro a veces.


 

El avance económico de los siglos XVIII y XIX permite que se empiecen a pavimentar las estancias de la casa con baldosas de tejar o hidráulicas


 

Con el avance económico de los siglos XVIII y XIX, las salas de Fuente Olmedo son las primeras estancias que se “pavimentan”, con baldosa de tejar al principio y con baldosa hidráulica prensada después. Como sucedía en la ornamentación de la alcoba italiana, prevalece el gusto por lo árabe y mudéjar en esta baldosa de cemento coloreado. El suelo de las salas siempre es especialmente más bonito que el del resto de la casa. Anteriormente, los suelos eran de tierra compactada a la que cada cierto tiempo se le aplicaban arcillas recogidas en los bodones de Doñibla o las heces del ganado, con el fin de mantener la tierra bien adherida facilitando su barrido y limpieza. En estos siglos empieza a aparecer algún reloj de pared, lámparas y quinqués de carburo o aceite, alfombras, y el “trinchero” o aparador con espejo o vitrina para exponer vajillas y cristalerías. La aparición de la fotografía permite colgar en las paredes de la sala los retratos “oficiales” de la familia: son instantáneas bien de estudio cuando se visita la capital, bien con el “forillo” o telón de fondo que prepara el fotógrafo ambulante que llega hasta el pueblo.

Cuando en la casa existen dos salas, la que contiene la alcoba del matrimonio se reserva como “gabinete” para uso más exclusivo de la pareja. Aquí observamos el “palanganero”, con su “jofaina” o palangana, “aguamanil” o jarro de agua, toallas también dispuestas por el ajuar, jabón y demás enseres para el aseo personal. Los palanganeros más elaborados son de madera y tienen espejo. Los más funcionales son de hierro y están pensados para moverse por la casa según las necesidades: con el frío se lleva a la cocina para lavarse al calor de la lumbre, con el calor se instala en un apartado de la cuadra o incluso en el corral para evitar manchar la casa de los polvos de la era. A veces en el gabinete se dispone un escritorio para “el amo” donde echar las cuentas de la temporada o escribir cartas.

A partir del siglo XIX, esta configuración de sala y alcobas llega a su máximo desarrollo en algunas casas de Fuente Olmedo, como en calle Bocigas 1 (3 salas), calle Real 5 (3 salas), y calle la Torre 2 (4 salas). Al disponer varias salas en sucesión con ventanas a la calle y con sus puertas alineadas, se crea una “enfilade” o enfilada arquitectónica tan habitual en los palacios barrocos. Estas salas encadenadas se comunican con puertas de dos hojas que al abrirse pueden ampliar el espacio si fuese necesario en los acontecimientos sociales que vive la casa.

Si la primera sala se utiliza como comedor de fiesta, y la segunda como vestidor o despacho del matrimonio, la aparición de la tercera suele delegarse a “salón de recibir”. Aquí encontramos sillerías tapizadas que pueden componerse de sillones, sofá y sillas bajas (de salón) alrededor de un velador o mesa central más elaborada incluso que la del comedor. La realidad es que esta estancia se utiliza muy poco en Fuente Olmedo, tanto por carecer de calefacción como por las rutinas diarias de cada miembro de la familia.

El verdadero “cuarto de estar” es la “gloria”, que de nuevo a partir de los siglos XVIII y XIX, se construye en muchas casas del pueblo. La gloria o hipocausto romano consiste en crear un suelo elevado sobre pequeños pilares de ladrillo, en vez de en contacto directo con el terreno. De esta forma se puede hacer circular aire caliente por debajo de las baldosas encendiendo un fuego en la “boca” de la gloria. Esta boca o “trampa” se sitúa en el paso de la casa a la cuadra o en la fachada de la casa al corral. En cualquier caso, está cercana al corral para poder “cargarla” desde la tenada sin manchar el interior de la casa. Por esta razón, los cuartos de gloria en Fuente Olmedo se construyen en la parte de atrás, con ventana al corral. Así son o fueron plaza Mayor 3, calle Eladio Sobrino 2, 4 , 6 y 11, calle las Comedias 4 y 2, calle Real 1, 5, 11 y 20. En muchas ocasiones, de forma análoga a la sala, la gloria da paso a una alcoba donde las noches de invierno pasan más confortables. 

En las casas emplazadas en esquina, es decir, con dos fachadas a la calle, suele aparecer el cuarto de estar con ventana a la calle lateral pero sin gloria. En estos casos, se pasa al cuarto de estar desde la cocina para aportarle calor. Ejemplos son o eran calle Bocigas 1, calle Eladio Sobrino 3 y calle Real 7. Las estufas de fundición aterrizan tras su invento en estos cuartos de estar o en la sala de aquellas casas que no disponen de gloria. Su alimento es la leña, el serrín o la “casca” de piñones. En calle Real 5 existe chimenea francesa con frente de mármol y salvachispas incorporado en una de las salas aprovechando que la campana de la cocina se sitúa detrás, caso particular y poco habitual en la zona.

El amueblamiento del cuarto de estar sigue el patrón de la sala: una mesa (mesa camilla en este caso) con sillas alrededor y sillones de mimbre, una alacena o vitrina en un rincón donde se guarda vajilla (en invierno se suele cenar aquí) mezclada con algún libro o las cosas de coser, otro rincón albergará la radio cuando entre en escena (posteriormente sustituida por el televisor en el último tercio del siglo XX).

Hasta la aparición de las glorias y los cuartos de estar, e incluso después, el espacio que condensa la vida del hogar es la cocina. Es la única estancia de la casa calefactada. Aquí se mantiene el fuego encendido todos los días del año, puesto que también se guisa durante todo el calendario. Fuego encendido pero poco intenso para ahorrar combustible en la “lumbre baja”. Baja porque la hoguera se hace en el suelo. Se cocina lento a baja temperatura: cocido de garbanzos y tortilla “de patata cruda”, es decir, sin fritura previa. Una gran campana de yeso conduce los humos de la lumbre baja e introduce la luz del día desde el techo atravesando el sobrao. Las cocinas no suelen disponer de ventana puesto que la cuadra ocupa casi toda la fachada al corral. El “humero” es la pared contra la que se hace el fuego y suele estar construida con ladrillo macizo. Como se ennegrece enseguida, se friega a menudo y con el paso del tiempo se forra de azulejo blanco en muchas casas para facilitar su limpieza. El par de “morillos” de hierro sirve para apoyar la leña y facilitar su combustión permitiendo la entrada de aire por debajo del material a quemar. Tenazas, gancho o atizador, fuelle y badil son las herramientas del fuego. Unos bordillos de granito o de ladrillo custodian los laterales de la lumbre para contener las cenizas que se van formando durante la jornada. El pote de hierro fundido siempre está presente junto a la lumbre con el fin de mantener agua caliente para las necesidades de la casa. Las “trébedes” son los soportes férreos de tres patas para colocar sartenes, cazuelas y ollas sobre las brasas. El gran caldero de cobre se cuelga del gancho que preside el humero durante los días de “matanza” o cuando hay que calentar agua en grandes cantidades. Sobre la repisa de la campana o en otro lugar cercano descansan las planchas de hierro, cuyo sencillo funcionamiento es dependiente del fuego.

Apoyado en la pared más cercana a la lumbre se encuentra el “escaño”: un banco grande de madera con mucho fondo y respaldo alto. A veces se utiliza como camastro para que el labrador eche la siesta a media jornada sin manchar la cama de la alcoba. También puede ser el lecho del “mozo o criado” si se dispone de su servicio. Si en la casa duerme “chica o criada”, goza de mayor intimidad en algún cuarto debajo de la escalera o en el fondo del portal.

Los “banquillos” son sillas de patas muy cortas para arrimarse al calor de la lumbre baja y para comer en la mesa también baja del plato grande que se pone sobre ella. Conforme evolucionan las costumbres, aparece la mesa de comer más alta con cajones para guardar cubiertos y servilletas acompañada de sillas más patilargas. Sobrevive la “banquilla de labor” con asiento de enea y respaldo de maderas torneadas para acomodar a las mujeres en las tardes de “labor” o costura.

(continúa…)

Continúa leyendo la segunda parte del artículo en «La evolución de la vivienda en Fuente Olmedo a través de los siglos (Parte 2)».

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4 respuestas

  1. Me ha encantado. Un trabajo magnífico, muy riguroso, se percibe el cariño con el que está hecho.
    !!! Enhorabuena !!!
    Un homenaje a nuestros antepasados inmejorable.
    Muchas gracias por compartirlo.

  2. El detalle que has hecho de las viviendas en Fuente Olmedo es «minuciosamente perfecto», y ahora que empiezo a recordar todo lo vivido en «mi pueblo» me parece extraordinario y sobre todo, que haya alguien que haya tenido la paciencia y el conocimiento de las cosas tal como eran en aquellos años. Personalmente, yo no he tenido mucho tiempo para disfrutar de todo ello, pero lo recuerdo con mucho cariño. Cuando este año pasado he tenido oportunidad de volver a «mi pueblo» y recordar algunas cosas, he sentido una gran emoción y mirando la casa donde yo nací se me saltaron las lágrimas porque lo vivía intensamente.

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