La evolución de la vivienda en Fuente Olmedo a través de los siglos (y Parte 2)

Del interior de las casas a las caballerizas, traseras y corrales
Puerta trasera o carretera típica de una casa de pueblo castellano.

…viene de «La evolución de la vivienda en Fuente Olmedo a través de los siglos (Parte 1)».

El progreso del siglo XIX lleva a muchas cocinas de Fuente Olmedo la “placa” o “bilbaína”, por su procedencia fabril. Este nuevo aparato permite mantener el fuego encerrado, así como la humareda que es limpiamente conducida por el tiro entubado. Además ofrece un pequeño horno más cómodo de usar que el antiguo horno de pan cuando existe en el corral. Algunas incluso cuentan con un modesto depósito de agua caliente cuyo grifo a menudo queda inservible por la naturaleza caliza de nuestras aguas.

En este momento también se empiezan a instalar las pilas de fregar fijas con sumidero, son de cemento o de porcelana blanca. Hasta entonces, los “cacharros” se friegan en grandes barreñones de barro cocido. En bastantes casas del pueblo existe el “cuarto fregadero” como una dependencia separada de la cocina que además de este elemento dispone en sus paredes de “vasares” o estantes de obra o madera, para almacenar tabletas y tablas de partir, bandejas, tarteras, fuentes y “medias fuentes”, jarras, copas, vasos de media cuartilla, platos, jícaras finas, chocolatera, almirez, cazos y sartenes. Puede tener algún ventanuco o tragaluz al tejado para iluminarlo. En alguna pared de la cocina puede haberse acoplado una alacena de rincón o empotrada de obra. Pero no existen más muebles de almacenaje hasta mediados del siglo XX. Quizá sea ésta la razón de ser del cuarto fregadero.

Desde la cocina o saliendo al portal entramos en la despensa, otro habitáculo por lo general sin ventanas. En la casa del labrador mediano, y de todo aquel que pueda criar al menos un marrano al año, “se mata” en el mes de diciembre. La “matanza” exige determinada cantidad de utensilios para la elaboración de los productos y para su posterior conservación hasta el siguiente año. En la despensa contemplamos la “mesa de matar”, artesa y artesilla, barreños y baldes, vasijas, ollas grandes para manteca y longanizeras. También hay vasares, un “arca” de madera, y tenajas donde además de las “tajadas” se guardan las hogazas del pan semanal para que no se ponga duro. Colgada de un clavo en una viga se columpia la “romana” de hierro, balanza para pesar las cantidades de sal y pimentón que sazonan las carnes del cerdo. Si el portal es estrecho, la despensa acogerá los cangilones y cántaros de agua, así como el palanganero si se prescinde del “gabinete” matrimonial, y cubos y escobas si no existen más apartados oscuros entre la sala y la cocina.

Todas las paredes de la casa están revestidas con cal o yeso, material higienizante para los ambientes interiores. Algunos portales se decoran con pinturas o azulejos de colores en los zócalos. Los techos muestran las vigas y tablas del sobrao en madera natural. En algunas casas se encalan o se aplica algún tinte natural como el “almazarrón” (óxido rojo de hierro, más o menos arcilloso, abundante en la naturaleza). En el siglo XX se instalan muchos cielorrasos o falsos techos de yeso y estopa, ocultando vigas y tablas con el fin de ahorrar limpieza. El barrillo sobre la ripia del tejado, así como el polvillo del grano almacenado en el sobrao, acaba cayendo al suelo de la casa entre las holguras de vigas y tablas.

Tercera. La casa de Fuente Olmedo tiene “caballeriza”

Más bien, “cuadra” donde se guarda el “motor” de los aperos agrícolas: los bueyes y las mulas. Cada “par” de estos animales podría equivaler a un tractor. A menudo también conviven borriquillas para el transporte, y a veces vacas si la empresa familiar apuesta por ellas. Tan sólo en algunos casos se alojan yeguas o caballos, puesto que estos nobles cuadrúpedos no alcanzan la potencia suficiente para trabajar con el arado o acarrear las cosechas. Se utilizan para el transporte individual o como tiro de la “tartana”.

El entramado de ripias y cabrios en los sobraos muestra el asiento de los tejados de la vivienda. Algunas ripias proceden de la plaza de toros de Olmedo. Fotos L.C.R.

La cuadra ocupa la parte trasera de la casa y está integrada bajo el tejado a dos aguas. Sobre la cuadra no hay sobrado, pueden verse directamente las vigas y ripias de la cubierta. Las paredes muestran el material de su construcción sin revestimientos, como el resto de dependencias del corral y pajar. Apenas tiene iluminación natural a través de uno o dos ventanucos. Una puerta comunica con el portal de la casa y otra con el corral. Protegiendo la puerta hacia la casa están las pesebreras, comederos altos de piedra o de ladrillo revocado. Un pequeño molino de mano con ruedas de piedra sirve para machacar grano y formar el pienso que alimenta al ganado.

 

Cuarta. La casa de Fuente Olmedo tiene “corral”

El corral es una habitación más de la casa pero sin techo. Se sitúa en la parte trasera de la parcela. Porque en la casa viven personas y animales, y si bien los primeros abren puerta y ventanas a la calle, los segundos necesitan tomar aire del corral. Se sale a él atravesando la cuadra. Los animales entran y salen del corral por las “carreteras” (puertas carreteras). 

Las puertas traseras o carreteras, fundamentales en una economía agrícola para la salida y entrada de aperos y animales de labor. Fotos L.C.R.

Esta organización de tráficos humanos y animales resulta más salubre y caracteriza el urbanismo de Fuente Olmedo, generando dos tipos de vías: “las calles y las traseras”. Fiel reflejo de estas categorías son expresiones como “voy a barrer la puerta ´ la calle” o “andar criticando por las traseras”. En la puerta de la calle se toma el fresco, se cose, se reciben las visitas, se echa una parlada, se atiende al fresquero, y se ve pasar la procesión. Por las traseras se sale a trabajar al campo, se suelta el ganado, o se entra en las casas de manera “más discreta” que por la puerta de la calle.

Probablemente “las calles y las traseras” son herencia del modelo de asentamiento que implantó el reino de Castilla para “la tierra” de las comunidades de villa y tierra en los siglos XI y XII. Teniendo como foco central (es decir, punto de encuentro y de reunión) la iglesia parroquial, y siguiendo la dirección de los caminos a los pueblos vecinos (en nuestro caso, la dirección Olmedo – Fuente de Santa Cruz, y Bocigas – Llano de Olmedo), el caserío se asienta de forma compacta (compartiendo medianeras) siguiendo un esquema regular que facilita la equidistribución de la propiedad del suelo. El resultado es una trama muy geométrica de parcelas alargadas y estrechas, con sus frentes de casas a la “calle” y sus corrales a la “trasera”. Quizá este “arrejuntamiento” tenía una razón defensiva al generar menos fachadas y tapias de corrales expuestas a robos, aunque las razias musulmanas sobre la Extremadura castellana ya estuviesen remitiendo.

El corral existe porque la casa también es “trabajo o industria”. Queremos decir que buena parte de ella se dedica a espacios donde se genera la “riqueza o supervivencia” de la familia, y el corral es uno de ellos. Los animales forman parte de la economía familiar. Ya hemos hablado de aquellos que habitan la “cuadra”. Pero también existen otros que son la pequeña industria alimentaria del hogar: gallinas y cerdos siempre, conejos, patos y vacas a veces. Si el capital familiar es mayor y su corral es grande, éste también acoge la “cija” para las ovejas. Aunque en la mayoría de los casos, las cijas se construyen en las afueras del pueblo. Los palomares aparecen independientes entre el pueblo y el campo. A su libre albedrío se mueven por el corral los gatos, con el fin de mantener a raya a los roedores, que pueden mermar el cereal almacenado o transmitir enfermedades. Tampoco falta algún perro, sobre todo si los hombres de la casa son aficionados a la caza menor.


 

El corral es la parte industrial de la casa, aloja la ganadería casera, guarda los aperos de labor y es el taller para las reparaciones habituales

 


 

De esta forma encontramos adosados a las tapias del corral distintas construcciones más o menos provisionales según la “política empresarial” del momento como los gallineros y las pocilgas. Otras dependencias de trabajo o industria auxiliar que pueden decidir asentarse en el corral son el horno de pan, la bodega con pequeño lagar, e incluso la “panera” si el sobrado de la casa se queda pequeño para almacenar la cosecha.

En el corral se excava el pozo y se remata con un brocal, muchas veces con polea para ayudar a subir la “herrada” de agua. Junto al pozo aparece la pila para dar de beber al ganado, es de piedra caliza o de ladrillo revocado. La pila se usa a veces para lavar ropa menuda que se tiende en una cuerda al sol en el corral o bajo el colgadizo si llueve. Las ropas de la casa se lavan semanalmente en las balsas de los palomares, en la fuente de Valderromán, en las balsas de Doñibla, en el río de Bocigas o en el río de Llano, según la temporada y la ocasión.

El “albañal” es un canal abierto construido con cantos que cruza el corral para desaguar hacia las traseras, bien por debajo de las carreteras, bien a través de los corrales vecinos cuando la pendiente del terreno no va a favor. El suelo del corral previo a la cuadra está empedrado, y a veces, todo lo demás con el fin de evitar barrizales en un suelo tan propenso a ellos como el de Fuente Olmedo por ser arcilloso. Salvo en corrales muy extensos, no suele dejarse un apartado para huerto, ya que las basuras y aguas sucias pueden contaminar la hortaliza.

En un rincón del corral se forma la “tenada” o antiguamente “tinada”: montón de leña necesario para alimentar todos los días la lumbre de la cocina, y para encender la gloria en las casas que disfrutan de este invento romano para la temporada de frío. 

En otro lugar soleado y aireado encontramos el “basurero” o antiguamente “muladar”: montón que se forma al renovar la “cama” de la cuadra (paja que cubre el suelo de la cuadra y recoge los excrementos de los animales). Este montón sirve de “retrete al aire libre” para las personas de la casa, y de vertedero para los pocos desperdicios de comida que no han podido “aprovechar” las gallinas. Tras el paso de algunas semanas, todo esto se transforma en un buen estiércol que sirve de abono para las tierras.

Al fondo del corral aparece el “colgadizo”, disponiéndose ante las “carreteras” a modo de soportal. Bajo su tejado se guarda el carro, el arado, el trillo y los demás aperos de labranza protegiéndolos de las inclemencias del tiempo. Es también un espacio dedicado a taller, donde se reparan las herramientas de trabajo o se improvisan labores de carpintero según las necesidades de la casa. La locución “días de colgadizo” se refiere a las jornadas de lluvia u otros meteoros desfavorables para las faenas del campo que el labrador aprovecha para “labores de colgadizo”. Las golondrinas encuentran muy apetecibles los colgadizos para formar sus nidos.

Y Quinta. La casa de Fuente Olmedo tiene “pajar

La paja es parte de la alimentación animal, pero también se usa para formar la cama de la cuadra y para encender la lumbre y la gloria. Se hace necesario almacenarla en gran cantidad y que no se moje con la lluvia. Por esta razón aparece en las casas de Fuente Olmedo el “pajar”.

El pajar tiene buena altura y suele construirse junto a las carreteras, para poder abrir su “bocín” en la fachada trasera y “cargarlo” más fácilmente con la horca desde el carro. El bocín es un hueco cuadrado o rectangular que aparece en la parte más alta de la fachada, y que permite llenar el pajar aprovechando su máxima capacidad. El pajar se carga por el bocín y se descarga por la puerta. El montón de paja va bajando conforme al consumo que se hace en la casa.

Como hemos explicado al principio, éstas son las cinco características que ya compartían la mayoría de las casas de Fuente Olmedo en el siglo XVIII, y que se mantienen hasta mediados del siglo XX. El avance tecnológico de la agricultura y de la vida doméstica modifica los espacios construidos que hemos descrito para adaptarlos a la nueva era. La aparición del tractor vacía las cuadras de ganado, dejando sitio para la construcción del cuarto de baño, así como para despensas, cocinas y fregaderos secundarios que descarguen de jaleo la cocina “noble” durante los días de matanza o de celebraciones sociales en la casa. En los pajares y corrales con capacidad suficiente para ello, se conforman pequeñas “naves” donde guardar la moderna maquinaria agrícola y “cocheras” para el automóvil de la familia. En otros casos, antiguas viviendas o cijas del pueblo son demolidas o modificadas para el nuevo uso “industrial”: calle las Comedias 6, plaza Santa Brígida 1 y 8, calle la Torre 7, calle Eladio Sobrino 5 y 9, calle Real 14. Por otra parte, la calefacción con radiadores de agua amplía el uso de las salas en la temporada fría.

El final del siglo XX es testigo de la paulatina desaparición de labradores residentes en Fuente Olmedo, conllevando la transformación de gran parte de las casas en “vivienda de ocio” o segunda residencia. Unas pocas mantienen vida todo el año pero las dedicaciones laborales de sus propietarios ya no marcan unas características comunes en las casas. Lo que sí constituye un rasgo nuevo y homogéneo en todo el pueblo es el “ajardinamiento” de los corrales. Árboles, arbustos, flores y pradera crecen en el suelo que antes pisaba el ganado de la casa.

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